Su arribo al poder no fue normal, sencillo tampoco.
Su trabajo como funcionario y político en el pasado por lo regular permaneció en la oscuridad, porque su corto transitar por la alcaldía de Ciudad Victoria y por diversos puestos públicos de carácter honorario le impidieron que los reflectores de las cámaras lo iluminaran con intensidad y que las grabadoras gastaran pilas para reproducir profusamente su voz, sus declaraciones sobre su labor.
Eso fue en tiempos de antaño, pero este domingo él será el foco de atención en todo Tamaulipas, cuya población lo recibió como gobernador con sorpresa, pero hoy, dos años después, lo abriga, lo valora y le ha tomado aprecio.
Y es que son variados los cambios que ha experimentado en estos dos años de gobierno Egidio Torre Cantú en cuanto a su persona, uno de ellos su carácter, antes algo parco, un tanto voluble y poco sonriente.
En cada minuto del día en estos dos años de su administración Egidio aprendió que los tamaulipecos estaban acostumbrados a una figura receptiva, que se acerque, que se deje tocar, aunque también asimilaron que llego al gobierno en condiciones distintas, difíciles, muy especiales y es por eso que a estas alturas lo comprenden y así lo aceptan.
Ha sido, Egidio, una más de las miles de victimas del maremoto que Felipe Calderón Hinojosa generó y que no fue capaz de controlar, de que sus aguas regresaran a su cause y, eso también, lo digiere bien la ciudadanía.
Y es que con los efectos del combate a la delincuencia, los recortes presupuestales y el desdén, parece que Felipe le apostó a que Tamaulipas y su gobernador perdieran la brújula, pero fallo porque aun sus habitantes sonríen, se saludan, se abrazan y, se unen.
No se sabe que tipo de Tamaulipas el Presidente de México visualizaba hoy, tal vez un campo desierto, un grito de miedo constante, un estado mudo y sin cabeza o un pedazo de tierra agrietado y desnudo condenado a la miseria y al olvido.
Felipe demostró con hechos que al igual que otros estados Tamaulipas formó parte de su pequeña lista de patitos feos que estaba a la vista en su escritorio, pero para su sorpresa a dos años de distancia puede observar que esta entidad tiene cabeza, tiene corazón y aun se da el lujo de pasarse el vile por los labios para regalar una sonrisa y para estar presentable.
Le resultó imposible rasgarle el rostro a Tamaulipas con sus garras de tigre, porque los tamaulipecos saben bien que las causas de algunos de sus males no son consecuencia de las decisiones que se toman en el tercer piso de Palacio de Gobierno, sino producto de una política errada, de un infantil capricho, de un estrangulamiento presupuestal que lastima y de una administración federal que huele a bipolaridad.
Este domingo Egidio estará allí, en el Congreso, en el Polyforum y con su gente del pueblo que no se dejo confundir.
Con ellos, con los suyos, con aquellos que canjearon el voto a su favor y que hoy le extienden la mano para que se grabe en la mente que no está solo, que Tamaulipas sigue vivo, sonriente, solidario y que se aferra a conservar la estatura y el decoro de un gran estado.
Dos años han transcurrido y Egidio paso la prueba, porque Tamaulipas y sus habitantes no se hincaron frente a la adversidad y se han resistido a ser arrastrados por las aguas del maremoto azul que, para fortuna, ya abandona tierra firme.
Son dos años de tragos dulces y amargos.
Un total de 24 meses de penas y glorias, compartidas.
De una tarea, que se merece calificar.
Correo electrónico. [email protected]