La verdad, cada día se entiende menos la política mexicana: los representantes de una izquierda devaluada y condicionada a caprichos e intereses de un muy pequeño grupo han hecho de las suyas, y
La falta de respeto de los “representantes populares” del Partido de la Revolución Democrática nos dan una muestra de la intransigencia con que se manejan: son un grupo de rijosos, agitadores que, escudados en los intereses de los vecinos, han derribado las vallas que el Estado Mayor Presidencial montó, en base a las amenazas de un mal perdedor como lo es Andrés Manuel López Obrador, y que ha exhortado a sus acalorados seguidores a tomar las calles el día 1 de diciembre, cuando Enrique Peña Nieto proteste como Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.
Derribar las vallas no es precisamente una muestra de civilidad: argumentan la libertad de circulación y tránsito y el respeto que se debe dar a la ciudadanía, cuando ellos, los que representan a un grupo de pseudo izquierda son gente violenta, y para muestra, el señor Noroña, cuando como niño berrinchudo se tira al piso y llama a la gente a hacerse mártir.
Ricardo Monreal condenó el que se montara el cerco, pero nunca condenó el llamado a la violencia de López Obrador o de Fernández Noroña, de un grupo de legisladores que, sin importar su responsabilidad han decidido convertirse en agitadores.
Si hay violencia, sucederá por causa de la gente de pseudo izquierda, los eternos inconformes, solapados y motivados por un amarillismo estúpido que se maneja en ciertos medios informativos nacionales, donde se les da una excesiva difusión.
Marcelo Ebrad, lejos de manejarse como gobernante, se alía con su grupo político, aunque estamos ciertos que habrá gente que estará cuidando la integridad física de cada uno de los invitados, así como del Presidente de México Enrique Peña Nieto.
Les duele mucho haber sido derrotados en una elección en la que, si bien es cierto que han tenido una importantísima cantidad de votos, no lograron encabezar los resultados, pero les ha salido muy bien la protesta y los actos dignos de un vándalo, de un delincuente o un agitador profesional.
Llegan con los elementos de Seguridad, sean del EMP o del Ejército, Policía Federal o el que sea, y se hacen los mártires, propiciando ser empujados.
Qué curioso: llegan, insultan, empujan, agreden, y eso no es delito, pero sí lo es cuando un policía los detiene para que no pasen o cuando los jalan para quitarlos.
O sea, su criterio es llegar e insultar porque tienen derecho a la libre expresión, pero cuando se debe poner orden, se agrede a sus derechos constitucionales. Injustos a todas luces; por eso perdieron la elección: porque la mayoría de la gente no deseamos que rijosos y delincuentes en potencia nos gobiernen.
Se quejan del partido que ha ganado, sin embargo, emanados de sus filas, se han separado para poder hacer de sus actos fuera de la ley una costumbre.
Y las vallas, tenían un propósito necesario: proteger la integridad de los que llegarán a la ceremonia.
¿Exagerado? Quizá si, sin embargo, las provocaciones de la denominada malamente izquierda mexicana no dejan dudas sobre lo que se tiene qué hacer.
Es necesario que se aplique la ley, y el 1 de diciembre, vaya usted a comprobar que buscarán ser las víctimas de los policías o soldados y se dirán agredidos, se dirán vejados en sus derechos constitucionales, cuando no tienen una mínima idea del respeto que hay que tener hacia las fuerzas del orden cuando hacen su trabajo.
O sea, la ley es curiosa: mientras yo te insulto, tengo libertad de hacerlo: si te pego o lesiono, es porque te cruzaste en mi camino, pero si tú me detienes o me jalas para evitar que pase a una zona NO permitida, entonces TU eres el delincuente y yo la pobre víctima. ¡Pobre México, con una izquierda que da risa y lástima, que no es capaz de madurar!
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
Ten un buen día!