Como ciudadanos mexicanos, esperamos siempre de nuestras autoridades el mayor compromiso posible en todos sentidos: deseamos que hagan bien las cosas, que haya avances, que la honestidad esté comprobada en todos sentidos, y también, que hagan su trabajo tal y como lo ofrecieron en campaña o en actos públicos. Nada hay más desagradable que el engaño a los que confían en las personas, porque no se vale que hagan esas cosas.
Hace ya años que los partidos políticos se han convertido en grupos de rufianes que, todos puestos de acuerdo, toman decisiones no en base a lo que representan o quieren representar, sino en base a sus intereses partidistas.
Una clara prueba de ello ha sido, por ejemplo, el ataque del gobierno panista de Felipe Calderón a ex gobernadores tamaulipecos, aprovechando la infraestructura oficial –léase, Gobernación y demás- sin el éxito que deseaban, pero sí impactando en los resultados electorales, que, finalmente, eso es lo que querían.
Luego, el espectáculo por demás bochornoso que nos regalan los 64 cínicos que trabajan poco y cobran mucho como senadores de la República. ¡Vaya forma de echar a perder a una nación!
Nosotros votamos por una mayoría de ellos, y otros, desgraciadamente, llegaron por culpa de la obsoleta ley electoral de México que permite que vividores amigos de presidentes de partidos políticos alcancen una curul en el Senado o el Congreso, como diputados o senadores “plurinominales”, o sea, de panzazo, sin hacer méritos, campaña ni nada.
Pero lo que realmente molesta es que, viéndose superados en número para la votación, los cobardes senadores de los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática hayan reventado la sesión, abandonando para que no hubiera quórum y la votación no fuera válida. Nada más indigno de ese grupo de vividores que hacer jugarretas poco éticas y nada honestas, en aras de mantener sus intereses partidistas antes que los de una población a la que presuntamente representan.
Qué vergüenza ser representado por un cobarde de éstos en el Senado o la Cámara Baja. Qué vergüenza que alguno de estos vividores sea tamaulipeco, y qué vergüenza, también, que no tengan los espolones y tamaños para debatir y tratar de ganar un debate con razones.
Como viles cobardes, abandonan, amparados por un indigno mexicano que preside este mes el Senado –Ernesto Cordero- y que ha sido calificado como poco honesto, cuando lo real sería que no es nada honesto.
Recuérdese los ataques a Josefina Vázquez Mota, con toda la mala fe del mundo, y luego apareciendo para decir que “Josefina es una gran mujer”. Los pseudo revolucionarios y pseudo izquierdistas del PRD y otros partidos menores hicieron lo mismo: abandonaron como las ratas, al barco del debate y la razón, porque no tienen la capacidad intelectual y numérica para ganar un debate, así de claro: son cobardes, poco inteligentes, nada políticos y mucho vividores, de ahí que se entiendan sus anacrónicas posturas y acciones.
Debiera haber una ley que prohíba la abstención del voto, porque, finalmente, o estamos de acuerdo o no, pero no podemos depender de haraganes y vividores que no son capaces siquiera de pensar si es o no adecuada una petición, y por otro lado, se les debiera de castigar a estos holgazanes y poco políticos con el descuento en su insultante salario, porque eso de llegar y abandonar, no es ni de hombres dignos, ni de políticos dignos, menos, mucho menos, de mexicanos que honran a su patria.
Bueno fuera que pudiéramos revertir las votaciones, y a ese grupúsculo de cobardes escudados en el fuero del Senado de la República, quitarlos para que otros, con agallas e inteligencia pudieran enfrentar una postura contraria a los intereses de la nación –y no de su partido político- y traten de hacer un debate justo y honesto. Sin mentiras, pues.
Sería muy bueno que pudiéramos prescindir de estos vividores que cobran como si trabajaran por 100 mexicanos cada uno. Insultante su salario, su postura y su falta de dignidad.
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