Los irresponsables

Cuando hay elecciones, los que consideramos que vale la pena participar, y que cada día somos más, pensamos en uno u otro candidato o candidata; le damos la confianza traducida en un voto que se suma a los millones de personas que piensan igual que nosotros en ese sentido, para hacer ganar a quien pensamos, es la mejor opción.
Desgraciadamente, muchos de los que llegan a ocupar un cargo de elección popular se olvidan de su enorme responsabilidad, y toman las cosas con ligereza o de plano, llegan para cobrar magníficos salarios a cambio de nada: muchos legisladores son presa de esa vida cómoda que les permite tener colaboradores a su lado y otros lujos que probablemente no merezcan, sobre todo, porque no cumplen con la responsabilidad que personas como usted y nosotros les hemos confiado.
Dicho sea en otras palabras: traicionan la confianza que les dimos y se con vierten en simples vividores “plus”, por lo que le cuestan al Estado.
Recientemente, el presidente de México Enrique Peña Nieto envió una propuesta al Congreso de la Unión sobre la conformación de la administración Federal, proponiendo cambios en la estructura de seguridad y que, finalmente, no fueron aprobados por el Senado de la República, donde hubo casi igual número de abstenciones que el número de senadores que votó a favor. Informaron que el PRI declinó fomentar el cambio tal y como lo propuso EPN.
Sin embargo, nosotros vimos con profunda tristeza que hubo abstenciones, tal y como sucedió en la toma de posesión con gente de la oposición al PRI.
Recordamos aquella frase que se atribuye a algún ginecólogo que aseguraba que la chica estaba embarazada o no, pero no hay medias tintas, pues, y eso es lo que planteamos: no debe haber medias tintas en el Congreso de la Unión, en el Senado ni en el Congreso local de cada entidad federativa.
Los que participan ahí se supone que tienen conocimientos y habilidades políticas para hacer valer sus propuestas; cuando la mayoría está en contra de éstas, en un régimen democrático hay que aceptar y avalar el resultado, pronunciarse con ellos, aceptar y colaborar, pues. No se vale que estén como los niños pequeños: “Como no hacen lo que digo, se acabó el juego y me llevo mi pelota”.
Resulta ridículo que personas que se supone que tienen preparación y dominio de las artes políticas tomen actitudes estúpidas y cobardes para no emitir su voto. No son capaces entonces, de vivir en un régimen democrático.
Si la mayoría está en contra, hay que defender nuestros postulados con el voto a favor y con la razón que tengamos para hacerla valer bien, en serio, responsablemente.
No concebimos que se abstengan; suponemos que una abstención es, como hico Pilatos: lavarse las manos, y eso no se puede interpretar mas que como una cobarde actitud, por no querer asumir su responsabilidad.
Qué importa si la mayoría está contra nosotros, pero hay que hacer valer nuestro punto de vista… no renunciar.
Los señores legisladores ganan más de 4 mil pesos diarios, lo que se traduce en una suma aproximada a 100 mil pesos mensuales, además de las dietas, gastos de “represe4ntación” y demás privilegios. No es justo que se salgan por la tangente y no quieran asumir su responsabilidad.
Deber entender que llegaron ahí, cierto, por un “palomazo” de quien manda, pero deberían entender que representan a miles de personas, que esas personas estamos pensando que nuestra opinión será llevada al Congreso o al Senado, y no quedarse en el capricho irresponsable de quien, como vil avestruz, mete la cabeza al agujero y no asume su responsabilidad.
Para eso les pagan, para que nos representen, para que hagan valer nuestra voz, no para esconderse en un cómodo sillón u oficina y dejen toda la responsabilidad a los que sí tuvieron los… tamaños para participar.
No sean cobardes, pues, y voten, a favor o en contra, pero no dejen de hacerlo, que para eso les pagamos los mexicanos.
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