Muchos de nuestros pequeños estarán ya más que ilusionados, dado que en unos días más recibirán una importante visita que dejará, sin duda alguna, bonitos regalos y cosas de utilidad. Santa Claus, Papá Noel, el Niño Dios o como lo veamos, es un buen pretexto para regalar a los que están cerca… y uno que otro compromiso laboral, educativo o político.
El caso es que los chicos hacen sus cartas aduciendo que han tenido un excelente comportamiento y otras virtudes más, que han desarrollado para ganar como recompensa aquel regalo tan anhelado, que bien puede ser un par de tenis, un video juego o algo más, como un celular, con la condición de que pueda tener acceso a redes sociales, pues.
Y los adultos, en el mismo tema, ya no hacemos las cartas a Santa Claus, porque ya no nos es práctico: nos llevaríamos una tremenda decepción.
El más importante “Santa Claus político” llegó a principios de mes y pocos tamaulipecos fueron los beneficiados con un útil regalo que bien puede durar hasta seis años, con sus consabidos premios y recompensas.
¿Qué escribir, pues, al personaje de los regalos?
Como adultos, como base de familias, pediríamos, por lógica, dos aspectos a regalar que se tornan en fundamentales: seguridad y salud para todos los nuestros; hay otros regalos que seguramente tendríamos en la lista, pero no podemos ser tan avorazados, y tenemos que conformarnos con lo que llegue.
La Navidad es tiempo de dar, y algunos se olvidan de quienes les han servido durante todo el año: los olvidan y sólo agasajan a quienes quieren tener “contentos” porque de otra forma serán enemigos durante 12 largos, muy largos meses.
El Santa Claus de todos nosotros debe comenzar con regalarnos lo básico, que se puede considerar que es iniciativa y carácter para llevar a la realidad nuestros propósitos prioritarios.
Seguramente éstos tienen que ver con la salud y la baja de peso, porque todos, o muchos de nosotros, pensamos en la necesidad de dejar de comer en exceso y hacer ejercicio aunque se nos acabe el gas en el primer mes.
Los regalos que esperamos de parte de la autoridad municipal es que sigan procurando satisfacer el bienestar de cada uno de nosotros los victorenses, y en donde se vive, que las autoridades locales hagan lo propio; en el aspecto estatal, quisiéramos que los servicios fundamentales sean de calidad: salud, educación, trabajo, turismo, industria y productividad, entre muchos más.
Quisiéramos que los que nos gobiernan no nos defrauden, que nos regalen honestidad y trabajo, fuerza y sinceridad, y que nos enseñen a trabajar en equipo, porque de otra forma, no podríamos hacer algo positivo que nos ayude a varios, sino a uno solo, y la vida en sociedad exige que haya mucho más trabajo comunitario.
También pediríamos por aquellos, cientos, miles, de seres humanos que han tenido que vivir la pérdida de un ser querido y viven en la zozobra cotidiana. A todos ellos, quisiéramos que les regalara el ser de los regalos una dosis de tranquilidad y esperanza.
A los que no tienen trabajo, que se abran las oportunidades para todos en todos los sectores, y que califique el mejor, el que más aptitudes tenga, y nos dejemos de esa “recomendacionitis” que tanto daño ha hecho a las administraciones de todo nivel, pero más a una nación que trata de salir adelante en tiempos de enorme dificultad.
Pediríamos muchas cosas más, sin embargo, no es tiempo de pedir sino de ayudar y colaborar; todos podemos pensar en ofrecer un poco de lo que tenemos para bien de alguien que lo puede necesitar.
Material, sentimental o de cualquier tipo, el regalo debe entregarse de una sola forma: con el corazón.
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