Apenas han pasado unas cuantas semanas desde que el presidente Enrique Peña Nieto anunció la reforma educativa y ha levantado polvo en serio.
De hecho, en el Congreso de la Unión se han dado los más grandes debates sobre este intento de mejorar la educación de los mexicanos, pero… ¿y los profes?
Sí, mucho se ha dicho y la mayoría coincide en que los causantes de la educación que tenemos son los maestros, echándoles en cara las conquistas que han logrado en los últimos años, gracias a la política electoral.
¿Tienen la culpa los maestros de que nuestras futuras generaciones no pasen los más elementales exámenes que en otros países los superan tranquilamente?
Desde nuestro particular punto de vista, hemos de reconocer que los maestros asumen con entereza la parte que le corresponde, como lo dijeron al Diario de los Bien Informados los directores de escuelas primarias como la Lauro Aguirre y la Victoria.
Sí, los maestros responsables se dicen dispuestos a entrarle a cuanta evaluación se requiera, conscientes de que tienen la capacidad pero, sobre todo, la vocación docente que los impulsa a realizar su trabajo día a día.
Pero vale la pena reflexionar, ¿son los maestros aglutinados en el SNTE los causantes de la situación que vive la educación mexicana?
Claro que no.
Por eso a nadie sorprenden las palabras de los maestros, quienes de manera responsable apoyan la reforma, pero también cuestionan… ¿están capacitados los nuevos funcionarios federales para ejercer los puestos directivos?
Ah, ¡verdad!… Tal vez ahí esté el meollo del asunto, porque los más recientes Secretarios de Educación Pública nada han podido hacer para mejorar las condiciones tanto de trabajadores como de alumnos, y mucho menos de los padres de familia.
¿Ejemplos? Las terribles cuotas “voluntarias” a las que tienen que recurrir los padres de familia para allegarse de recursos, que en la mayoría de los casos, van destinados a mejorar la infraestructura educativa, lo que, en teoría, corresponde al Estado Mexicano.
Sí… es muy fácil echarles la culpa a los maestros por la situación de la educación sin detenerse a hacer un verdadero y auténtico diagnóstico de lo que pasa en las aulas de nuestros hijos.
Sí… es muy fácil recurrir al trillado tema de que la educación está secuestrada por un sindicato, el SNTE en este caso, sin detenerse a preguntarle a los profesores si las condiciones laborales que tienen son las idóneas para intentar mejorar el sistema educativo en general.
Por eso, en esta ocasión pretendemos plasmar los puntos de vista de los maestros, quienes de primera mano, nos han hecho llegar sus opiniones sobre la reforma educativa.
Primero, queda claro que los maestros están conscientes de que tendrán que esforzarse para romper la negativa inercia en la que cayeron desde hace doce años.
Sí… doce años en los que los Gobiernos emanados del Partido Acción Nacional los vieron y trataron como material electoral desechable, pero no, las bases magisteriales no son eso.
Los verdaderos maestros son personas que, como Usted y yo, se esfuerzan día a día por hacer de nuestros hijos mejores personas, capaces de enfrentar los retos propios de nuestra era.
Sí… los profesores que están ahí, en el aula, lo que quieren es lo mejor para sus alumnos y esto se logrará solo mejorando las condiciones laborales en las que se desenvuelven.
Segundo. Los maestros que sí quieren a México y sus futuras generaciones están conscientes de que tienen que dar el extra para dar pasos hacia adelante, y están dispuestos a hacerlo, claro, siempre y cuando en la parte oficial también se tengan esas sanas intenciones.
De otra manera, la ambiciosa reforma educativa quedará en otro mal intento por mejorar la educación de los mexicanos.
Es decir, necesitamos funcionarios comprometidos con el bien común, con el desarrollo colectivo de la sociedad mexicana como un sólido núcleo que impulsará a nuestra nación hacia mejores estadios de vida.
¿Sí se puede? Claro, pero hay que empezar por el principio… el A, B, C de la reforma está en las manos de todos los actores, no solo de los nuevos funcionarios del ramo y no será endosando todas las culpas a los maestros como se lograrán los altos objetivos del Presidente Peña Nieto.
En fin. Por ahora no me resta más que desearle un excelente día; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
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