Ningún inocente

Reza la tradición que el 28 de diciembre hay que acostumbrarse a hacer bromas a la gente, con el estribillo de “inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar”, y ante eso, se estilaba pedir algo prestado y por ser el día de los inocentes, no se regresaba.
Muchos dicen que el día de referencia es un tributo a la estupidez de los demás, y la manera de tributarla es haciendo bromas de muy mal gusto.
La tradición cristiana es distinta. Se habla de cuando Herodes mandó matar a los niños en Nazaret, pensando que así iba a acabar con la virtual amenaza del Mesías. Los decenas de pequeños sacrificados fueron, según las escrituras, el testimonio de una masacre contra inocentes, de ahí que el 28 se dedique a su memoria.
Pero en nuestros días, encontramos que medios de información demasiado serios y con un prestigio labrado por años hacen añicos su reputación publicando supuestas noticias de que si ya se llegó a Marte, que si el presidente renunció o disparates de una envergadura tal que a veces causan un poco de risa, pero más tristeza ante el irresponsable uso de los recursos de los medios de comunicación.
En la política se habla de muchos que debieran festejar su onomástico el 28 de diciembre por su falta de talento, malicia o “colmillo”, por su probada inexperiencia, que les lleva a cometer errores tales como confiar en las promesas de un legislador local o federal, en pensar que lo que se hace en instancias oficiales no tiene estelas de corrupción, o en suponer que no hay malos manejos en ninguna parte, y que emporios –monopolios, sería lo correcto, o ¿duopolios?- televisivos no controlan la programación de la llamada “caja idiota” manipulando la información y tratando al espectador como un retrógrada incapaz de pensar y de discernir.
Inocencia en la política es suponer que se respetará un virtual “escalafón”, y que nos tocará llegar a una candidatura por méritos propios. En la iniciativa privada es pensar en que se respetarán los derechos laborales a cabalidad.
El día de los inocentes no se instituyó para que pensemos que hay que engañar a los lectores o televidentes; claro, se pueden hacer bromas y demás, siempre y cuando se aclare, inicialmente –y no al final, como acostumbran- que es una broma, y que podría haber pasado de no haber sido 28 de diciembre.
No es el pensar en que los que no comulgamos con estas ideas estemos amargados, o que no nos guste el chascarrillo. Si algo nos llena es eso, precisamente, pero no podemos entender que se emplee para engañar.
Los inocentes fueron pequeños recién nacidos, y no gente como usted o como nosotros que puede pensar y razonar, aunque a veces nos equivocamos tremendamente.
Los inocentes de Jerusalén eran otros, y nada tenían que ver con los que confiadamente pensamos que la autoridad pudo poner un “hasta aquí” a tantos revoltosos que aprovechan para lesionar, destruir y demás, los bienes de los demás, para ser detenidos… y unos días después, puestos en libertad.
Inocentes, son aquellos que votaron por una Asamblea Legislativa del D. F. Y ahora están viendo los temibles resultados: hoy en día, gracias a la presión de los medios, no será delito grave el atentar contra los demás, contra los bienes de la nación, ni contra la integridad física de nadie. Hoy podrán salir con unos cuantos pesitos de multa.
Inocentes, quienes pensamos a veces que habrá una situación económica en el país capaz de mantenernos como fuerza laboral sin problemas, y que pensamos que los salarios serán justos en toda su dimensión.
Inocentes, pues, los que piensan que haciendo manifestaciones van a lograr que los vividores de centrales campesinas, obreras y demás, les legalizarán sus automóviles y vehículos de fuerza motriz.
Inocentes los que vemos un mundo feliz, lejos de engaños, lleno de sinceridad y alegría, y queremos empaparnos de él.
Pero aún con todo eso: queremos vivir la inocencia de un mejor mañana para nosotros y nuestros hijos.
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