Este título es el eslogan que Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) utiliza en las campañas para que los mexicanos permitan a los encuestadores hacer su chamba y pasar a los domicilios para recabar datos que conformen los censos nacionales, que por ley deben realizarse cada 10 años.
Precisamente la infraestructura y experiencia del INEGI, cuya sede física se ubica en la capital de Aguascalientes, es la que se aprovechará para hacer el censo sobre el tema de la educación nacional.
Dos preguntas claves parecieran hay necesidad de contestar en la encuesta nacional referida a los profesores, escuelas y alumnos pero no solo cuántos son, sino también donde están ubicados.
El Secretario de Educación Pública, el mexiquense Emilio Chuayffet Chemor, se reunió con Eduardo Sojo Garza-Aldape, presidente del Consejo del INEGI, para la puesta en común sobre el diseño del censo en cuestión.
Se trata de un acuerdo llevado a cabo por instrucciones presidenciales sobre la interrogante planteada desde el sexenio anterior y que por una cosa u otra la misma SEP no ha podido dar respuesta al número de docentes que atienden la educación básica en el país.
Uno de los acuerdos fue conformar un grupo de trabajo conjunto entre la secretaría y el INEGI, que determinará las categorías y métodos que deberán sustentar el censo sobre la educación nacional y sus participantes directos.
Este grupo se reunirá la tercera semana de enero en Aguascalientes, ciudad sede del instituto y se espera que a partir del próximo ciclo escolar (2013-14) el censo empiece a recabar la información para ser procesada a más tardar en diciembre próximo y para entonces haya números confiables.
A propósito de confiabilidad. ¿Será? Viene a mi memoria aquél desacuerdo público entre el INEGI y el Instituto Mexicano del Seguro Social, en cuanto al número de mexicanos. En fin…
La idea central es tener una plataforma “confiable” para que el Instituto Nacional de Evaluación Educativa de la SEP -que plantea la reforma educativa- lleve a cabo su encomienda y sepa dónde y a quién evaluar en las escuelas, con un espíritu de autonomía y no de dependencia burocrática.
Chuayffet Chemor aprovechó el momento para que, desde Aguascalientes declarara que la secretaría a su cargo considera aumentar el número de escuelas de tiempo completo, en las que se fomentarán las clases de arte, deporte y civismo… Pero como dijera la abuela… “ése es otro tema”…
Según las cifras de la misma secretaría de educación federal, existen 234 mil escuelas públicas y privadas en todo el país; un millón 200 mil maestros aproximadamente de preescolar, primaria y secundaria, y 27.5 millones de alumnos. Sin embargo el censo se realizará para cuadrar números.
La aplicación del censo de maestros, alumnos y escuelas, seguramente dará sorpresas en lo que se refiere a los maestros, pues es práctica cotidiana que un profesor sea llamado a colaborar a la misma SEP o sus homólogas en los estados, con el nombramiento que lo acredita como docente. A veces le asigna sueldos o compensaciones, pero la mayor parte de las veces no. Para el caso que nos ocupa, al fin y al cabo son plazas con presupuesto de profesor.
Ante situaciones como estas, seguramente el INEGI y la SEP guardarán el respectivo silencio, pero en lo que respecta a los profesores que intenten amparar una comisión con algún documento sindical, seguramente el escándalo se abrirá en contra de la gente del SNTE.
Los tamaulipecos tenemos memoria y viene a ella que durante varios años la SEP se negó a la autorización de plazas de nueva creación para profesores de primaria y preescolar, solo llegaron horas de secundaria y éstas eran las que se concursaron desde el sexenio de Tomás Yarrington Ruvalcaba.
Hubo en estos concursos nacionales, docentes que al ganar, solo les ofrecieron hasta cinco horas de secundaria y solo los más osados con familiares en la frontera, aceptaron el “grandioso premio” al examen de oposición.
Finalmente el problema central para todas estas acciones de la “Reforma Educativa” es limitar el poder amplísimo que había logrado la chiapaneca Elba Esther Gordillo Morales, no solo a nivel educación, sino en otros contextos del gobierno federal, incluyendo las cámaras de diputados y senadores.
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