Ahora la serpiente se devora al águila

Cangrejerío mexicano.
Está tan sobado el tema que ya ni siquiera provoca el mínimo efecto en las conciencias cuando se toca y se discute.
De hecho, casi todos hemos preferido permanecer muy quietos, aunque bastante aplastaditos, pero hasta cierto punto “cómodos” en el fondo de nuestras respectivas cubetas.
Y es que ya nos la sabemos más allá de la simple memoria: en el ADN, o como escrita con cincel y martillo en las voluntades de las almas de los mexicanos.
Me refiero a la antigua y enferma prohibición del sentido de competencia, o del derecho de competir. ¡Prohibido competir! No vaya a ser que el país se nos convierta en potencia del primer mundo, y ahora sí, de verdad, vayamos a tener que comer el pan con el sudor de nuestra frente.
Más vale cangrejo en el fondo de la cubeta y no cangrejo fuera de ella. ¡Que viva el atraso y que muera el progreso! Aunque se nos borre la raya…
En la política mexicana del tercer mundo se habla con “regocijo” del progreso, de la equidad, de la justicia y hasta de la negociación inteligente.
Pero a la hora de los hechos, todos activan el freno de mano.
La cosa es impedir el éxito de los contrarios, como si unos vivieran en el Congo belga, otros en Zacazonapan y el resto en las Malvinas.
Compartir los éxitos no es un sueño placentero, es una pesadilla.
Hablemos con sinceridad: ¿Qué le espera a este México sumido en medio de la pobreza, el desempleo, la rivalidad, el egoísmo y la violencia?
Las modernas técnicas del cinismo y el auto-sometimiento han dejado de ser vistas como demonios impúdicos y holgazanes. Ya no se requiere de ningún exorcismo que expulse esas legiones del infierno, simplemente porque ahora son el equivalente de meras travesuras.
No es tan grave -¡cómo se le ocurre!- que si el vecino, el compañero de trabajo, algún amigo, inclusive un pariente cercano, deseen progresar o tengan las cualidades para el éxito, impedirles o jalarlos de la patita, como los cangrejos mexicanos, para que no salgan de la cubeta.
Al rato la envidia y el egoísmo van a ser obligadamente reconocidas y premiadas en alguna reforma constitucional.
Por lo que todo aquel que se atreva a pronunciarse y manifestarse contra semejante reforma, será arrestado de inmediato, y sin juicio de por medio. No duden que lleguemos hasta eso. Tenga fe.
Y así, poco a poco, o mucho a mucho, entre los cuentos reales de la cubeta de los cangrejos mexicanos, el cinismo, las burlas y los humores perversos, México “avanza” en reversa, inmersos casi todos en la mentalidad de que el avance y el progreso sólo son responsabilidad absoluta de quienes nos gobiernan.
Finalmente me cuesta mucho entender que sólo sea un puñado de mexicanos los que se ocupen y preocupen del nuevo escenario que el país exhibe ante el mundo: que ahora la serpiente sea la que se esté devorando al águila.

¡Exijo ser alcalde! o de perdido diputado.
Y si de cínicos se trata, en Tamaulipas los hay por montones.
Sin el menor rubor son muchos los contumaces que se atreven, sin mérito político alguno, a exigir alcaldías o por lo menos diputaciones sin jamás haber sudado la camiseta de sus respectivos partidos políticos o empolvarse o enlodarse las botas de piel exótica en las colonias populares.
La enorme responsabilidad de los partidos políticos a efecto de seleccionar a sus candidatos, sólo requiere echar un simple vistazo al trabajo que a diario desarrolla el gobernador Egidio Torre Cantú, y a su liderazgo esforzado y realista que ha demostrado en favor de miles de tamaulipecos.
Difícil será la selección de aspirantes a las alcaldías y diputaciones desde una raquítica perspectiva partidista, y cuando los intereses de revitalizar a Tamaulipas no sean similares.
Hoy la ciudadanía demanda que los partidos políticos creen grupos que hagan sinergia con el gobierno. Esa es la nueva ideología. Y si no ayudas, mejor no estorbes.
Lo demás es la misma grilla de siempre y el cuento de nunca acabar.
En fin. Por ahora no me resta más que desearle un excelente día; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
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