Amigos… y no tanto

Los seres humanos somos curiosos en cuestiones de amistad: pensamos que ellos, los amigos, son las personas que siempre tienen que darnos por nuestro lado, hacer lo que queremos, a la hora que queremos y demás, pero cuando ellos nos demandan atención y no estamos en posibilidad de otorgársela, nos molestamos o lo vemos “completamente natural”.
La amistad es como un juego de tenis o uno de vóley-ball: tan importante es atacar como defender, es decir, la pelota va y viene con la misma fuerza e intensidad, lo que podría deducirse que tan importante es lo que uno quiere como lo que ellos o ellas desean, tan importante es lo que piensa uno como otro; verlo de manera distinta lleva al egoísmo y esa es la primera muestra de que no existe una verdadera amistad desinteresada.
También hay amigos que se posesionan de nuestra existencia como si fuéramos pareja o algo más, y nos reclaman hasta por qué escribimos algo, por qué dijimos o por qué hicimos tal cosa. Nada más falso.
En ocasiones se malentiende la amistad, y somos tan incrédulos o faltos de madurez que no vemos el alcance de estos pensamientos que nos dañan enormemente.
Cuando tenemos una relación sentimental, intervienen como si fuéramos de su propiedad, y resultan los reclamos lo más infantil e inmaduro para cualquier persona. No se vale, sinceramente, que nos traten mal.
Hay que entender lo que es la amistad en toda su magnitud: es el sentimiento máximo que puede tener un ser humano, y son las mejores relaciones las que se deben dar entre amigos y amigas.
La amistad es confianza, es abandono de muchas cosas por ayudar a los que nos han regalado ese sentimiento; en ocasiones pasa que el amigo o amiga tiene sentimientos más profundos y confunde la amistad con el cariño… o el amor.
No puede entenderse que una amistad no esté salpicada de cariño y amor hacia los que confían en nosotros como lo hacemos hacia ellos: nos regañan, nos orientan, nos apoyan y ríen con lo que tenemos que compartir, o lloran. Están ahí, siempre ahí, así de claro.
Un amigo que entremezcla el sentimiento fraterno puede caer en conductas totalmente ajenas a lo que debe de ser, y asume roles que no sirven de mucho en este tipo de relaciones. El amigo entiende, y si no logra hacerlo, lo acepta sin condiciones. De eso trata la amistad.
En esta maravillosa profesión del periodismo, muchas personas nos etiquetan como amigos, cuando entendemos que la relación existente es, muchas veces, por conveniencia, lo que nos orilla a pensar que nos utilizan para algo, como probablemente nosotros también lo hagamos.
Funcionarios de todo nivel nos etiquetan a los periodistas como amigos, y es una relación que tiene dos intereses: uno, porque quiere ser escuchado y publicado, y el otro, porque goza del privilegio de tener muy buena información.
En la vida real, los amigos significan mucho para los que pensamos que el ser humano aún vale mucho, y con quienes pretendemos que ellos sean esa parte importante para destacar en cualquier ámbito.
De ahí surge la importancia de elegir a los buenos amigos que, dicen algunos, se cuentan con los dedos de una mano…¡y sobran! No es fácil encontrarlos, pero cuando lo hacemos, nos permite la vida contar con alguien para muchas cosas.
Es menester escoger a un buen amigo y confiarle todo lo que queramos cuando estemos seguros de que existe esa que es una de las más grandes virtudes humanas: la amistad sincera.
Hagamos acopio de toda nuestra inteligencia en el momento de elegirlos, procuremos conservarlos, pero sobre todo, hagamos algo por merecer el recibir tan sagrado e importante sentimiento.
Comentarios: [email protected]