Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Unas 500 personas de Nuevo Laredo que emigraron a Estados Unidos por haber sido víctimas de la inseguridad y de la violencia, se reunieron el fin de semana en la parroquia de San Patricio, en Laredo, Texas, para asistir a una misa organizada especialmente para ellos por los obispos de ambas ciudades.
Al final de la misa quedaron 100 personas que convivieron con James Tamayo, de Laredo, y Gustavo Rodríguez Vega, de Nuevo Laredo; algunos de ellos compartieron sus dolorosas experiencias.
Se trata de empresarios, comerciantes y gente de clase media que cuenta con algún negocio y recursos económicos que les permite vivir en aquella ciudad, pero que huyeron de Nuevo Laredo por haber sido secuestrados, extorsionados, robados, asaltados e incluso porque algunos de sus familiares fueron asesinados por grupos delictivos que operan en esta frontera.
“La misa fue especial para ellos y en horario extraordinario para quienes dejaron Nuevo Laredo por motivos de inseguridad, pero más por experiencias dolorosas que han sufrido”, expresó el jerarca católico de Nuevo Laredo.
Luego de la misa les fue ofrecido un video titulado ‘Luces y Sombras de Nuevo Laredo’, en el que las sombras representaron lo negativo que le ha ocurrido a esta ciudad fronteriza en los últimos años, mientras que las luces se refieren a los encuentros de oración, las marchas, procesiones, peregrinaciones y lo que se ha hecho a favor de la paz por parte de la Iglesia Católica.
La mayoría siente la nostalgia por regresar, al estar de manera involuntaria en un país extranjero, “y quisieran estar aquí pero no se atreven a regresar, y esto es un verdadero drama porque fueron expulsados por la violencia”, señaló.
Obligados a emigrar
Aunque algunos de los que asistieron a la misa tienen una economía holgada, y por eso fueron afectados por los delincuentes y obligados a emigrar, reconoció el religioso que hay familias que viven en esta ciudad y que su deseo es emigrar, “pero no tienen dinero para hacerlo y se tuvieron que quedar”.
Otros, dijo, tienen familiares en Laredo, Texas y se fueron como ‘arrimados’ con ellos, por lo que dijo que no toda la gente que salió de Nuevo Laredo es adinerada.
Ante tanta inseguridad, mencionó el obispo que parece que en esta frontera se está perdiendo la historia, porque nadie se atreve a narrar lo que ocurre, y porque los medios de comunicación locales están de igual manera amagados por el crimen organizado y obligados a la censura.
“Tal parece que no hay alguien capaz de narrar esta historia. Los medios están amedrentados y silenciados, y está esa historia particular que habla del número muertos, de personas y de familias. ¿Quién sabe a fondo cada historia?”, cuestionó.
Pero confió en que pronto mejore la situación, y que gobernantes, historiadores y reporteros consignen esta parte de la historia de Nuevo Laredo que hasta este momento nadie se atreve a describir.
“Bajo la mirada del Dios de la historia, ningún crimen quedará sin castigo, ninguna lágrima quedará sin ser enjugada, ningún perdón y ningún acto de solidaridad quedará sin su recompensa”, sintetizó.


