Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Eva Trinidad es una atractiva salvadoreña de 22 años de edad, morena, esbelta, y de grandes y vivarachos ojos negros. Salió de El salvador el dos de febrero en busca de un mejor nivel de vida para ella y su familia, ya que en Lourdes La Libertad, su comunidad de origen, las oportunidades no abundan, pero sí la pobreza y la delincuencia.
Terminó la preparatoria, pero no pudo ingresar a la universidad por falta de recursos, ya que los 80 dólares mensuales (poco más de mil pesos mexicanos), que ganaba como empleada en una tienda de abarrotes, no le alcanzaban para comer, menos para estudiar.
“Decidí salir de mi país porque la pobreza es mucha, y porque quiero ayudar a mi familia. Quiero llegar a Estados Unidos para trabajar y seguir estudiando”, menciona con tono decidido, tal vez porque es soltera y porque en su trayecto desde su país hasta esta frontera, no tuvo contratiempos ni problemas.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, esta joven confiesa que tiene miedo, mucho miedo por su condición de vulnerabilidad al ser mujer, pese a que viaja con dos familiares hombres que la acompañan desde Lourdes.
“Sí tengo miedo…tengo mucho miedo…siempre hay miedo cuando los migrantes viajamos de esta manera, y más cuando se es mujer. Pero tengo mucha fe en Dios de que me vaya bien”, expresa más confiada pero con la cabeza viendo hacia el piso, la que cubre con una vistosa gorra negra de pelotero con vivos en rojo y verde.
Las mujeres se van
En Lourdes La Libertad, la segunda ciudad más importantes de ese pequeño país centroamericano, después de San Salvador, se siembra caña de azúcar, algodón, tabaco, café y muchos productos agrícolas que se venden en las tiendas del país y de esta ciudad, y en una de ellas trabajaba Eva Trinidad.
Pero explica que no solo la pobreza la obligó a salir de su comunidad. En Lourdes además de la pobreza y la desigualdad social, abunda también el pandillerismo promovido por los peligrosos Mara Salvatrucha, los que tienen asolada la región y a esta comunidad costeña de aproximadamente 121 mil habitantes.
“Hay mucha inseguridad en mi país y pocas oportunidades para trabajar y estudiar, y yo quiero estudiar para ser alguien en la vida, pero en El Salvador no se puede porque todo es caro, por eso dejamos la escuela…y el país”, menciona con cierta nostalgia.
Tal vez por eso Lourdes La Libertad es una de las regiones de más alta tasa de migración femenina de ese país, y aunque no hay estadísticas confiables, de cada 10 mujeres que llegan a esta frontera, al menos dos o tres son de El Salvador.
“México es un lugar peligroso para las mujeres extranjeras como yo… eso me han dicho, pero por fortuna no he tenido problemas”, refiere.
Mientras ella aguarda en la Casa del Migrante, sus dos tíos salen por las mañanas rumbo al río Bravo, en busca de los pateros que les ayudarán a cruzar sus peligrosas aguas, no tanto por la bravía corriente, sino por las bandas de criminales que las vigilan para asaltar a los indefensos migrantes que se atreven a cruzar solos.
“Estamos buscando un coyote que nos ayude a cruzar el río, y ya lo estamos contactando”, explica tras señalar que disponen de dos mil 500 dólares para el pago por cada uno, dinero que pagarán en partes hasta llegar a su destino, si es que lo logran.
Y es que las personas que busca fueron contactados desde que llegaron a Nuevo Laredo, por lo que sus familiares de El Salvador le dijeron que si lograba llegar hasta la frontera le ayudarían a pagar a los coyotes.
Eva Trinidad llegó a México por la frontera de Chiapas, y de allí se trasladó a Tapachula y a Tenosique, viajó hasta Palenque, La Cementera, Chantal, Orizaba, Lechería, Monterrey y Nuevo Laredo, todo en el peligroso ferrocarril bautizado por los migrantes como ella, como La Bestia, luego de seis o siete trasbordos.
“En Orizaba y Lechería tuve mucho miedo porque asaltaban a los migrantes como nosotros y nos quitaban el dinero, pero gracias a Dios a mí no me hicieron nada, porque en los pueblos que pasamos la gente nos daba comida y nos trataba muy bien”, explica.
Hay que arriesgarse
De llegar a su destino en Texas, dice que además de trabajar estudiaría la carrera de comunicación, aprender el idioma inglés y enviarle dinero a su familia y a sus 5 hermanos para que continúen estudiando.
Pero su deseo no es quedarse para siempre en Estados Unidos. Solo quiere trabajar, terminar una carrera y regresar a su comunidad, para ayudar a su familia.
Confiesa que fue difícil salir de su país de esa manera, pero “si se tienen ganas y se tienen sueños, tenemos que intentar salir del país, porque tenemos que arriesgarnos para saber si podemos lograr nuestros objetivos y metas”, expresa con una leve sonrisa plagada de confianza.
De acuerdo a cifras dadas a conocer por el Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país, cada año salen del país unas 55 mil personas, de las que 200 no llegan a su destino debido a que mueren en el intento por diversas razones, y más de 25 mil son detenidas y deportadas al momento de cruzar la frontera con México.
El peligro inicia cuando contactan en México a un ‘coyote’ para que los cruce a Estados Unidos desde la frontera mexicana, pero el reporte del Ministerio salvadoreño indica que muchos de ellos son delincuentes que se dedican a la trata de mujeres con fines sexuales, y a la explotación de menores.
Al ingresar a México, la travesía es dura, peligrosa e incierta para ellos. Una de las rutas según refiere Eva Trinidad, es la de El Salvador a Tecún Umán, en Guatemala, por donde cruzó para llegar a Tapachula, Chiapas, para abordar el tren en Tenosique, a veces a pie y ocasionalmente en un autobús regional, en una travesía peligrosa de más de 200 kilómetros, hasta completar otros 800 kilómetros o más para llegar a la capital mexicana.
De allí, las rutas se bifurcan, pero la más corta es la que lleva a Nuevo Laredo, en un trayecto cercano a los mil kilómetros, ya que se hace en el ferrocarril carguero, el que ha cobrado cientos de muertes y ha sido mudo testigo de asaltos y asesinatos.
Son muchas las mujeres que como Eva emprenden un largo e incierto camino hacia un destino igual de incierto y peligroso. Algunas llegan hasta la frontera mexicana como ella, otras no tienen la misma suerte y se quedan en el camino.
Para su protección, el gobierno salvadoreño tiene oficinas consulares en México, con la finalidad de brindarles protección en su paso por el país, y las hay en Tapachula, Arriaga, Santo Domingo, Veracruz, Acayucan, Tierra Blanca, Costacualpa, DF y Monterrey.
Una oficina más estaba ´por ser abierta en Nuevo Laredo hace cuatro años, pero el proyecto fue suspendido, pese a que las tutas hacia Reynosa y esta ciudad, conocida como la Ruta del Golfo, es de las más peligrosas para los migrantes.


