Decía y, bien, el maestro Eugenio Sánchez Aldana que a cada palabra se le debe atribuir su verdadero significado para que pueda penetrar, para que pueda ser valorada y para cautivar al interlocutor, que es lo principal.
Siempre vestido con pantalón flojo y tunica de manta color blanco y con huarache de tipo indígena, Eugenio era dueño de unos penetrantes ojos verdes y de un cabello largo que presumía con orgullo, con el que tejía en ocasiones una bien elaborada trenza.
Como locutor estrella de la Agencia Notimex en el área de radio en el D.F., él era muy severo y a veces hasta regañón con quienes de vez en cuando jugaban con su micrófono en la cabina, dónde aconsejaba que cada palabra que un comunicador pronuncie al aire se debe sentir, se le debe amar y se le debe respetar.
En el caso de un político no considero que la situación sea distinta a la de un locutor, porque el primero persigue conquistar votos y, el segundo, audiencia.
Por eso me remito a lo que sucedió este domingo en la Convención Municipal de Delegados del PRI en la que se validó a Alejandro Etienne Llano como su candidato a la alcaldía de Ciudad Victoria y en la que destacaron algunas figuras que reaparecen y otras cuya cara ya es muy familiar.
Fue un evento perfectamente organizado que fue presidido por el líder estatal del PRI, Ramiro Ramos Salinas, y en el que Alejandro ofreció su primer discurso ante un público multitudinario que lo ovacionó, pero que al parecer no se echó totalmente a la bolsa.
El del candidato fue un discurso bien redactado que giro en torno a su familia, a su desempeño como servidor público y a los compromisos que contrae con la población victorense, pero como que le faltó enjundia ante el micrófono.
Su intervención, como que fue fría, inexpresiva y su dicción no fue la adecuada, en razón de que en ocasiones cambiaba una palabra por otra y se atropellaba, algo que en el mundillo de la locución constituye un garrafal error, porque congela la interrelación que debe fundir en un abrazo al emisor y al receptor.
Tampoco, Alejandro fue diestro en el dominio del telepronter, esas pequeñas pantallas de mica por las que se va deslizando el discurso y que tanto utilizan los políticos y los leedores de noticias en la pantalla chica.
Se le noto inseguro, nervioso y como que sufrió pánico escénico, tal vez por las constantes interrupciones de los miles de priístas que congestionaron el Polyforum, quienes por cierto le dieron vida y color a este evento, que provoca recordar los buenos tiempos del partido.
Un político no debe de exagerar en el escenario porque cansa, pero tampoco debe permanecer más congelado que una paleta que se derrite con el calor.
Le faltó, a Alejandro, fuerza cuando dijo: “No le saco la vuelta a los desafíos y me gusta entregar buenos resultados”.
Vigor, cuando mencionó al bien recordado Doctor Rodolfo Torre Cantú, a quien ubicó como un personaje que demostró que la política debe hacerse privilegiando el contacto con la gente.
Y, contundencia, cuando prometió impulsar la seguridad, la limpieza, la educación, los valores, la entrega de becas y la dotación de agua para Ciudad Victoria, todo eso tomado de la mano de la población, a la que le garantiza que su gobierno será honesto.
Duda, no cabe, que Alejandro, junto con su fórmula que conforman Blanca Valles Rodríguez y Ricardo Rodríguez, harán un buen papel en la contienda de Julio, pero.
Como insistía el maestro Eugenio: Se deben de corregir algunos errorcillos, porque la palabra es divina y, es divina la palabra.
Por eso, van estos consejillos para Alejandro.
Que, nunca están de más.
Correo electrónico: [email protected]