Estas líneas no merecen ser frías y las palabras que se utilizan, tampoco gélidas, cuando se intenta describir el sueño consumado de una mujer que toda su vida nadó contra la corriente y que se aferró a una tablita que floto en el inmenso mar.
Como tantas otras mujeres, su vida se vio decorada por sabores y sinsabores, pero la de ella ha sido especial, en razón de que la jornada no le fue sencilla y aun así no declinó, como lo hace toda persona que acaricia la categoría de un guerrero.
Los golpes que le propinó la vida lejos de deprimirla los capitalizó en energía positiva y fue así como avanzó y avanzó y pateó la puerta con firmeza para lograr cruzar el umbral y probar ahora el delicioso sabor que glasea a la palabra, triunfo.
De clase media, dueña de un porte que exhibe con altura y de un carácter amable que derriba rápido el más alto muro, ella logro su sueño de juventud de convertirse en Doctora en Educación y de demostrar que a las piedritas y a las piedrotas que se cruzan en el camino se les patea a unas, con suavidad y a otras, con fuerza.
Su nombre, Gloria Esther Trigos Reynoso, ya quedo escrito con letras grades en la historia de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, su casa querida, su morada, su caja de sueños, esa institución cuyo nombre pronuncia con orgullo, con decoro y con la cual está agradecida porque la abrazó, como lo hace una madre con su hijo.
En su examen, ella seleccionó el tema del Pronabes, un área que le es familiar y marcó con seguridad, lo generoso, pero también, lo que lastima y tiende a opacar al Programa Nacional de Becas para la Educación Superior, como la falta de concentración de datos en un solo lugar y el burocratismo, que suelen distraer, desmotivar y perderle el amor a ese sistema federal que beneficia en Tamaulipas a cientos de estudiantes universitarios.
Lo dijo, y bien, Doña Gloria, durante su exposición para coronarse con el doctorado, que en el Pronabes se debe de platicar con los números con cariño y con atención y que la relación con los becarios debe de ser cálida, espontánea, de lo contrario no se podrá enfrentar al monstruo de la deserción.
Fueron, ocho años de trabajo intenso y más de cien entrevistas las que la doctora realizó para deslizarse como pez en el agua frente a los cinco integrantes del jurado y números, muchos números, que exhiben una excelente tarea de investigación que ahora será abrazada por las páginas de un libro que en breve se editara y que contiene un material rico, pulcro, bien elaborado, en el que saltan a la vista interesantes propuestas que permitirán estimular ese programa federal para becarios, el cual intenta extenderle la mano a los jóvenes universitarios para que se conviertan en personas de provecho, de bien.
Bien, haría, el Rector de la UAT, José María Leal Gutiérrez y el Gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, en dirigir su mirada para observar el trabajo que Doña Gloria ha realizado la mayor parte de su vida en favor de la juventud universitaria, porque es una especie de diamante que ya no es necesario pulir.
Ella, dividió su intervención en dos partes que son la intelectual y la afectiva, la primera, que se podrá conocer en ese libro, y la segunda, en la que hace una dedicatoria muy especial a sus hijos Claudia Marisol (QEPD), César, Edgar y Alejandro, que son el eje de su vida y quienes le dieron sentido y forma a este proyecto que hoy la hacen sentir orgullosa y realizada con el favor de Dios, en quién cree y siempre se encomienda.
Y se inspiró, también, en el vals que bailó en sus quince años, “Alejandra”, esa melodía del mazatleco Enrique Mora Andrade, que dibuja a una chica de educación esmerada, de finos modales y bella por dentro y por fuera que es nativa de un puerto.
Vaya, pues, una felicitación para Doña Gloria, quien agradece al jurado, encabezado por el Doctor, Héctor Manuel Capello García, las deferencias que hizo sobre su examen, sobre su persona y sobre su trayectoria profesional que le da lustre a la educación superior de Tamaulipas.
Por todo esto, es ella, un ejemplo digno de imitar.
Una mujer, que no se da en racimo.
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