Llama poderosamente la atención la declaración del alcalde de Victoria, Miguel González Salum, en el sentido de que los pozos y manantiales de “La Peñita” dotan de 96 metros cúbicos de agua por segundo a la ciudad.
Cualquiera pensará que es mucho agua: 96 metros significa un tubo enorme, pero hay que considerar que esta cantidad debe repartirse en más de 300 mil habitantes, y que, si fuéramos justos, no alcanzaríamos siquiera a preparar una jarra de limonada en cada hogar.
Recordamos, como hemos escrito anteriormente, que Victoria la capital se abastecía de La Peñita, los pozos de la zona norte y un poco de fortuna con la lluvia que, hace ya más de dos años, nos ha dejado para el olvido, como muchas otras cosas que necesitamos los victorenses, entre ellas, tranquilidad.
El doctor Emilio Martínez Manautou puso en funcionamiento los pozos de la zona norte y eran suficientes, hasta que, con el crecimiento demográfico resultaron pequeños, y el ingeniero Américo Villarreal Guerra construyó y nos legó el acueducto de la presa “Vicente Guerrero”.
Hoy, todo eso no nos es suficiente, sin embargo, seguimos viendo la forma en que se desperdicia el vital líquido en varios sectores de la ciudad. Se critica a las autoridades municipales por dar vida a los camellones y jardines sin saber que muchas veces se utiliza agua no potable para tal efecto.
Criticamos a ellos que pasan con las pipas arrojando un gran chorro en los pastos, pero… ¿y nosotros, qué?
Estamos como dice la Biblia: sin ver la viga en nuestro ojo, y criticando la paja en el ojo ajeno.
El agua es un problema que tenemos que atajar nos guste o no. Si no pensamos y hacemos algo por remediar este problema, nuestros hijos tendrán conflictos para su subsistencia, y eso nos debe quedar muy claro.
No hay lugar en el mundo donde se desarrolle la vida de una sociedad en el que el agua no sea el tesoro más preciado. Vemos, por ejemplo, la manera en que Israel llevó sembradíos a los desiertos hace ya muchos años, conjurando el problema de la falta de abasto.
No somos de por allá ni entendemos como viven actualmente, pero sí estamos conscientes de que a nosotros nos falta agua, y eso es más que claro.
Se avecina, según las autoridades, una temporada difícil según los pronósticos, dado que no hay lluvias suficientes; ¡Vaya!, ni siquiera lluvias que nos permitan ser más optimistas.
¿Qué hacer? Olvidemos las declaraciones de autoridades de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado, olvidemos el discurso político que rodea a este fenómeno y tomemos conciencia al respecto: si no la cuidamos, no vamos a tener ni para beber, así de claro.
González Salum nos ha exhortado a cuidar el recurso, así como lo ha hecho en su momento el ingeniero Egidio Torre Cantú desde su responsabilidad como titular del Ejecutivo estatal. Toca a los ciudadanos corresponder a esa preocupación e inversión buscando nuevas fuentes de abastecimiento.
No tirar el vital líquido, cerrar un poco la llave ayudará mucho a todos los victorenses.
No es problema exclusivo de Victoria y sus alrededores: el noreste mexicano ha sido castigado por el desequilibrio ambiental y por eso estamos padeciendo esta situación.
Muchas cosas podemos hacer, desde crear y sembrar conciencia en nuestros hijos para que no se desperdicie el líquido, de lo contrario, estamos firmando una sentencia mortal para todos.
Es vida, es necesaria, es vital: el agua es de todos y nadie tiene derecho a disponer en forma irresponsable de este maravilloso y prioritario recurso.
El agua se debe cuidar, y mientras no llueva, haga usted de cuenta que no ha habido ni habrá en años: cuide la poca que llegue a su casa, y valórela como lo que es: un recurso insustituible.
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
Ten un buen día!