Atención urgente al Altiplano

Cada vez que tenemos una alza tan extraordinaria de las temperaturas en la ciudad, no se nos puede dejar de quitar de la mente la imagen de cientos de familias que sobreviven en el Altiplano tamaulipeco, en condiciones difíciles que, aunque los parámetros oficiales no dictaminan que son de “pobreza extrema”, sí estamos seguros que no tienen las condiciones adecuadas para disfrutar de un justo y merecido descanso nocturno, que les permita mejorar su productividad.
La falta de agua propiciada por la ausencia de lluvias, que a su vez son consecuencia de la tozudez de los habitantes del planeta que hemos dado al traste con el equilibrio ecológico, hace que las cosechas sean mínimas, y en algunos casos, insuficientes siquiera para poder recuperar lo invertido, y mucho menos para tener recursos que les peritan sobrevivir.
En ese sentido, qué bueno que el gobierno federal ha instrumentado el programa para paliar el hambre de los que más necesitan, y que es apoyado fuertemente por el gobierno de Tamaulipas; recientemente, el gobernador Egidio Torre Cantú tuvo una reunión con la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, y ahí se establecieron algunas metas y propuestas del referido programas.
Antes, existía uno que tenía que ver con ayuda extraordinaria a quienes eran afectados por heladas y sequías, y que manejaba la Comisión Nacional de Subsistencias Populares –CONASUPO- y consistía en llevar despensas a toda esta gente que requiere apoyo solidario.
Hoy, el apoyo viene en paquete, y los tres niveles de gobierno están procurando eficientar los recursos para que lleguen en tiempo y forma a quienes los necesitan.
Visitar aquel lugar nos mueve a la reflexión, porque es difícil sobrevivir en condiciones agrestes, y algunos lo sabemos. También, quien nunca ha sentido hambre, quien nunca ha sabido lo que es tener que distribuir un kilogramo de tortillas en las tres comidas del día, o un kilogramo de papa para que alcance a “llenar el estómago” por unos días, no sabrán lo que la gente de allá siente.
Muchos de ellos no tienen idea de lo que es tomar un bote de agua industrializada, purificada, o al menos, fresca.
Es a ellos a quienes debe llegar el recurso, pero también es necesario replantear qué se puede y debe hacer en esa región tan castigada por la naturaleza de por sí, y más cuando los problemas de agua son generalizados.
El gobernador Torre Cantú ha establecido algunas acciones importantes para poder mejorar la productividad de la región, con la idea de que si esto se refleja para ellos, ganamos todos, porque finalmente los indicadores de la entidad mejorarán.
Cierto: hay mucho qué hacer todavía, pero es satisfactorio ver que ya hay al menos un plan conjunto que no se dio en doce años de diferencias partidistas que afectaron todo este tipo de programas, convirtiéndolos en mercancía electoral.
Lo más importante es que se ha volteado la mirada hacia los sectores marginados que también existen en el área urbana: hay zonas donde no tienen agua por días, aunque es difícil de entender, pero que son consecuencia de la arbitraria toma de terrenos de líderes sin vergüenza ni honestidad que establecieron asentamientos humanos donde es difícil el abasto del vital líquido por cuestiones físicas.
Hay escases, existe un porcentaje importante de fugas y somos muchos los necesitados de agua, aunado a la falta de lluvia y alimentación de los mantos acuíferos.
¿Qué hacer? Hay que aprender a cuidar el agua, porque es un recurso de todos, y por otra parte, ser solidarios con la gente que necesita resolver sus problemas básicos de alimentación, pues.
Comentarios: [email protected]