Nuevo Laredo, Tamaulipas.- En los primeros cuatro meses del año, la Casa del Migrante recibió dos mil 800 personas, pero es una cantidad menor a la del año pasado, cuando en el mismo tiempo llegaron al alberge tres mil, de un total estimado en 9 mil 200 en todo el 2012, mencionó el director del ese lugar, Jesús Manuel Reyes García.
Asimismo, dijo que en años anteriores el 55% eran mexicanos deportados, pero este año ese porcentaje lo representan los centroamericanos que llegan a la ciudad, pero de acuerdo al sacerdote, y aunque ello no implica que haya menos deportaciones, a ese lugar llegan menos repatriados.
“Muchos de ellos desean regresar a Estados Unidos porque tienen familia en ese país, otros regresan a sus comunidades, pero otros se quedan en la ciudad, aunque no tenemos datos”, explicó.
A la casa llegan más de 25 personas diarias, lo que indica que al mes suman hasta 700, y cada uno es una historia diferente.
“Llegó una persona que buscará a su hijo en Dallas, otro que vino por atención médica y se quedó en el albergue, pero no es migrante ya que no tiene para pagar hotel; también llegan familias y hasta matrimonios de mexicanos con extranjeros”, explicó.
Pero también hay centroamericanos que ya estuvieron en el albergue, pero que continúan en la ciudad con intenciones de quedarse, por lo que se integran a la población flotante que hay en la ciudad.
Sobre algunos migrantes a los que se califica de presuntos delincuentes, mencionó el religioso que se trata de un mito, ya que muchas veces se les toma como chivos expiatorios, “pero no quiero decir que no haya criminales entre ellos, porque sí los hay”, señaló.
Reconoció que llegan a la ciudad integrantes de peligrosas pandillas, pero que son controlados por otros grupos locales, por lo que cuando llegan al refugio, se les hacen preguntas para saber quiénes son y sus intenciones.
Y es que dijo que en ocasiones algunas personas ingresan al albergue con intenciones de hacer coyotaje entre quienes tienen intenciones de cruzar el río Bravo, “y cuando detectamos algo así, pues los sacamos”, sostuvo.
Pero el 95% de quienes ingresan al refugio son migrantes, pero reconoció que hay infiltrados o personas que fuman o que toman, vicios que impiden quedarse en el refugio, ya que las reglas así lo señalan.
“Tratamos de ser estrictos y cero tolerancia, porque si no lo hacemos así no funcionaría esto”, expresó.


