Cd, Victoria, Tamaulipas.-La deserción escolar y los índices de reprobación entre los estudiantes de educación secundaria son un reto a vencer en donde no solo los maestros, sino también los padres de familia están obligados a hacer su tarea, por lo que desde el presente ciclo escolar en diversas instituciones educativas se han implementado un nuevo programa de acompañamiento al alumnado con problemas, a quienes se les da tutorías personalizadas para retenerlos en la escuela y salir adelante con las materias reprobadas.
Al exponer lo anterior el maestro Paulino Galaviz Rivera, Director de la Escuela Secundaria No. Siete, explica que en el caso de la escuela a su cargo, la dinámica de trabajo se centra en dar las herramientas necesarias para que los estudiantes salgan adelante con las materias reprobadas:
“No los podemos dejar solos, por eso se programaron cursos de tutoría para que los alumnos reciban el apoyo que necesitan para salir adelante, otro de los aspectos a trabajar durante este ciclo escolar es retener a los alumnos en la escuela, porque aunque la deserción es mínima, si es un problema que afecta a la educación secundaria”
Opina que es necesario los maestros sigan teniendo ese espíritu y vocación de servicio:
“Los estudiantes son la parte vital del proceso educativo, y su reprobación escolar, debe ser atendida como debe ser, maestros-padres de familia, siendo el reto reducir al mínimo el problema, aquí en nuestra secundaria desde el año pasado se trabaja en ese sentido, hay animo en toda la plantilla docente de aportar tiempo y esfuerzo para que los alumnos no solo permanezcan, sino que sus problemas de reprobación sean mínimos.
Cabe señalar que la deserción escolar, en algunos casos implica un fracaso escolar, ya que el alumno que abandona sus estudios si no lo es por causas pasajeras (por ejemplo, un viaje o una enfermedad suya o familiar) difícilmente retomará sus estudios. En la mayoría de los casos, es justamente una historia de fracasos escolares lo que determina que el alumno se desmotive, y ya no quiera concurrir más a las aulas. A esto se suma la falta de contención familiar y la baja autoestima. En el mejor de los casos quien deja el colegio, aprenderá un oficio o conseguirá algún trabajo no calificado, y en la peor de las situaciones no tendrá ninguna ocupación, con grave riesgo personal y social.