“Nunca atrás, ni adelante, siempre al lado”, reza la frase popular que le hace justicia al lugar que debe ocupar una mujer cuando es pareja, cuando pone el ejemplo frente a la sociedad.
Algo similar a lo que escribió el uruguayo, Mario Benedetti, en su poema transformado en melodía: “Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos”
Esto es bello, porque ninguna de esas palabras tiene desperdicio.
Pero todo lo anterior contrasta con un mal chiste que contó un periodista estadunidense que fue enviado a cubrir un conflicto armado en Pakistán.
Llegó a ese país asiático y lo primero que observó fue que la mujer con velo en rostro siempre caminada unos metros detrás del hombre.
Envió el material sobre la guerra a su empresa informativa y retornó a los Estados Unidos.
El conflicto continuó, regresó a Pakistán por segunda ocasión y notó con sorpresa que las condiciones habían cambiado, puesto que ahora la mujer caminaba unos metros adelante del hombre. Curioso, le preguntó a un pakistaní: ¿Qué sucedió, esto es ejemplar, ahora si le dan su lugar a las mujeres en este país?. “No, le contestó un sujeto, nos protegemos de las minas terrestres”.
Pésima, la versión, pero acá nosotros como latinos pensamos diferente, concebimos distinto una relación sentimental y a la mujer se le da su lugar, que siempre deber de ser privilegiado.
Esto último que sirva para decorar la imagen que exhiben el candidato del PRI a la alcaldía de Ciudad Victoria, Alejandro Etienne Llano y su esposa Katia Salinas, quienes juntos o separados, hacen su lucha para sacudir el sentimiento ciudadano en esta campaña que apenas inicia y que ya empieza a arrojar buenos frutos.
Y si me remito a ella, a la señora Katia, a su paso por las colonias de la capital tamaulipeca va dejando buen sabor de boca y como muestra basta un botón, si se comenta las expresiones que hicieron públicas varias mujeres de la tercera edad con las que convivió en un evento.
Fue en el salón de usos múltiples de la Colonia Revolución Verde, donde como anfitrionas figuraron las señoras María Dolores González y Eulogia Ortiz, la primera ferviente activista del PRI y la segunda, experta en loterías, pachangas y bingos que disfruta con placer.
Hasta ese lugar llego Doña Katia enfundada en su vestimenta verde vida y de inmediato empezó a saborear con las mujeres taquitos de diferentes guisos y refrescos. “Es una señora sencilla, amable y muy bella, de esas que saben hablar, que atraen y que inspiran confianza”, dijo Doña Lolita, la más feliz del lugar, porque las mujeres atendieron su llamado para que conozcan en persona a la esposa del candidato tricolor.
Y ella, Doña Katia, les contó algunas anécdotas, como esta. “Un día por la noche llego Alejandro a casa, me abrazó y me dijo que me tenía una buena noticia”. “Me proponen ser el candidato a la presidencia municipal”, me informó. Y, luego, Alejando le señaló:”El primer voto que voy a conquistar es el tuyo”.
Atentas, las mujeres la escucharon, le aplaudieron, la papacharon y también le pidieron favores, como mejoras para el salón de usos múltiples donde docenas de ancianas se beben las horas del día fabricando collares, muñecos y ropa para ayudarse económicamente.
Pero también le demandaron seguridad y apoyo médico para las personas de la tercera edad, quienes tienen que cruzar la ciudad a duras penas para recibir atención en la Cruz Roja.
El acercamiento entre Doña Katia y esas mujeres fue exitoso, respetuoso, pulcro, provechoso, y consideran ellas que por su personalidad y carácter afable le jalara miles de votos al candidato, lo que demuestra que valen más la frase popular y el contenido del poema de Banedetti, que el mal chiste del pakistaní.
Ella avanza, pisa fuerte, conquista, convence y abre puertas.
Por eso merece que se le conceda el crédito.
Sin recurrir, al regateo.
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