Salud: fortaleza de todos

No podemos negar la importancia de muchas cosas en nuestro desarrollo como seres humanos, como tampoco podemos dejar a un lado lo que para la mayoría es considerado como lo más importante: la salud.

Cuando uno se siente bien, todo se puede lograr: tenemos fuerza y entusiasmo para emprender cualquier empresa en el ámbito laboral, personal, educativo, de investigación o lo que pudiera ser; cuando nos sentimos mal, no nos dan ganas prácticamente de nada.

En ese sentido, es menester cuidar el bienestar físico y emocional, mental y anímico, ya que será el motor que mueva nuestro mundo y nos incorpore al de los demás.

Llama poderosamente la atención el hecho de que enfermedades crónico-degenerativas siguen incrementando su presencia en la comunidad: diabetes mellitus, hipertensión arterial y otros padecimientos ocupan los primeros lugares en incidencia y mortalidad, lo que se convierte en una gran preocupación para el gobierno que nos administra, en el ámbito municipal, estatal y federal.

Es pues, la Secretaría de Salud un pivote fundamental en todos nosotros, de ahí la importancia de la instrumentación de programas de prevención y control, así como también el seguimiento de enfermedades que nos ocupan por temporadas y en forma permanente.

En las primeras, tenemos el dengue con sus variantes y que, si no se cuida bien, ocasiona problemas que llegan a engrosar las listas de defunciones; en el segundo caso, tenemos que la calidad de vida nos disminuye considerablemente, pero es importante entender que no existe en el mundo un gobierno capaz de enfrentar estos retos si no tiene la colaboración de sus gobernados.

¿A dónde queremos llegar?

Si no tenemos la capacidad de entender los problemas que origina ser diabético o hipertenso, si no entendemos que la obesidad y el sobrepeso son factores fundamentales para desarrollar una muy mala calidad de vida agregada a los padecimientos antes señalados, si no consideramos el cambio de hábitos, estamos, como se dice popularmente: “fritos”.

No puede ninguna dependencia enfrentar el gasto que implica corregir y atender los problemas de salud.

De ahí la importancia que hay en la necesidad de ponernos atentos, de escuchar y comprender el mensaje de la autoridad para enfrentar este reto.

Ha sido una gran preocupación en el presente sexenio la salud, y el doctor Norberto Treviño García Manzo, secretario de salud ha puesto especial énfasis en lo que comentamos, y que como resultante tiene el incremento de acciones de prevención y control, en las que realmente se gasta una fortuna que bien podría reducirse en la erogación correspondiente si ayudamos todos.

Cierto: es obligación del Estado proporcionarnos salud, pero sin o ayudamos, en menos de veinte años no alcanzará el dinero total de una entidad federativa para hacer frente a esta problemática.

Urge entender lo que hay que hacer para conservar la salud; dejarnos de pensar en otras cosas es inminente, y atender las recomendaciones de los que saben y administran los programas de salud, prioritarios y no prioritarios, pero que tienen el mismo objetivo: que usted y yo tengamos una mejor calidad de vida.

Es la Secretaría de Salud la tutora de este esfuerzo y proyecto de vida saludable, pero es responsabilidad de cada ciudadano atender las recomendaciones mínimas para vivir bien.

De otra forma, no tenemos derecho a quejarnos de que no lleguen los programas o que no alcance la atención, ya que, por negligencia ciudadana se gasta más de lo que se tiene.

Y si no atendemos lo que nos sugieren, será obligatorio no quejarnos. Es una fortaleza que tenemos que hacer válida, pero hay que hacer caso. Así de claro.