¿Vivir con diabetes?

Tema recurrente, dirán algunos, y choteado, dirán otros, pero vivir con diabetes constituye toda una odisea.

Quienes hemos sido diagnosticados con esta enfermedad, al día de hoy, incurable pero controlable en un cien por ciento, sabemos lo que significa lo anterior: vas con el doctor, te diagnostica y comienza una serie de cambios en tu vida:

Hay que exterminar algunos vicios alimenticios y de costumbres que, en ocasiones, nos acompañan toda la vida, y no se puede uno separar de éstos ni de sus consecuencias. Es donde nacen las complicaciones crónicas, que llevan ese nombre precisamente porque son producto de vicios que tenemos desde pequeños, algunos, adquiridos en la casa materna y paterna, y otros, en el devenir de nuestra existencia.

Vivir con diabetes significa estar anclado a un monitor de glucosa para saber cuales son los niveles de glucosa en sangre que tenemos en el momento del chequeo, y tomar las decisiones acertadas.

En ese sentido, los grupos de autoayuda son fundamentales porque nos enseñan qué hacer en cada situación y, con la ayuda de los profesionales de la medicina, hacer que la decisión haya sido la adecuada.

Luego viene el tratamiento: pastillas hipoglucemiantes e insulina, o una de las dos. Los especialistas más actualizados consideran que el uso de insulina inyectada constituye la mejor terapia de control, dado que, si nuestro organismo no la tiene, hay que darle lo que no produce, para entonces procurar vivir como una persona sin diabetes, lo que malamente llaman algunos “una persona normal”.

Los que vivimos con diabetes somos normales, nada de marcianismos y esas cosas, que quede claro.

Los cambios en la alimentación son determinantes, porque de ello surge el control o descontrol de la enfermedad que mata poco a poco si no es atendida.

Las autoridades sanitarias hacen una gran parte, pero la sociedad tiene que hacer la que le corresponde y que es más pesada e importante: el autocontrol.

Las organizaciones no gubernamentales –como “Vive con diabetes”- nos ayudan para ofrecernos orientación y más.

En un tiempo, estuvo vigente la Asociación Mexicana de Diabetes en Tamaulipas, capítulo Ciudad Victoria, fundada por una mujer que fue todo bondad en su existencia: Josefina Cárdenas chapa, y quien se supo rodear por excelentes profesionales de la medicina para poder trabajar como lo hizo por años.

La ambición de algunos médicos especialistas acabó con la Asociación, porque vieron en nosotros el botín necesario para lucrar, para enriquecerse a costa de nuestra enfermedad.

Algunos de ellos aún están en las nóminas oficiales de la Salud, lucrando, extirpando recursos y buscando vanagloria personal.

No les interesamos, y que quede más que claro, a esos vividores de la medicina. Hay, claro, sus excepciones, y en las instituciones públicas contamos con excelentes médicos que hacen su callada pero positiva y fructífera labor.

Hemos aprendido a trabajar por la gente con diabetes desde nuestra detección, hace ya más de veinte años, y hemos aprendido que podemos dar mucho a los demás, siempre y cuando tengamos un corazón con amor hacia el de enfrente.

Es un compromiso personal que no se paga con nada: ni artículos o ponencias, o investigaciones o clases baratas. La diabetes merece que se le trate como lo que es, y que se le otorgue el apoyo necesario a sus pacientes, con la idea de que podamos contar con lo necesario.

Es una enfermedad muy cara, y requiere del apoyo de muchos, pero si peleamos por todo, difícilmente podremos salir avante.

Más, cuando estamos como la pozolera en cazo ajeno.