Llama poderosamente la atención, como persona dedicada a difundir temas de salud, el ver que durante el evento del fin de semana el presidente Peña Nieto haya corrido 10 kilómetros en compañía de un numeroso grupo de miembros del Estado Mayor Presidencial.
Al final, en entrevista programada, Peña Nieto hace ver que hay obesidad en México y que es el problema de salud pública numero uno, causante, entre otras cosas, de enfermedades como diabetes mellitus, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares en general y otros, muchos otros más.
Dicen los que no comulgan con su causa que descubrió el hilo negro. Nada hay más grave en aspectos de salud que el no promover la prevención.
Somos unos convencidos de que, el dinero de México –incluido el de Pemex- no alcanzarían a cubrir las necesidades de salud de los mexicanos si no se hace algo al respecto.
No hemos tenido ocasión de sentarnos y reflexionar por DOS minutos y saber que la obesidad se ha perfilado hace lustros como el enemigo público número uno de los mexicanos: somos el país con más índice de obesidad infantil y juvenil, y en cosa de adultos, también somos punteros.
¿Qué se está haciendo?
Se critica fuertemente a las cooperativas escolares como causantes de que los niños estén gordos, se culpa a la Secretaría de Salud porque los obesos de toda clasificación posible han subido en número y riesgo, con el consecuente aumento de consultas y problemas hospitalarios que cuestan un dineral a todos.
Se critica a las transnacionales que venden papitas, frituras, pastelitos y demás, porque no nos dan alimento saludable.
¿Y alguien nos pone una pistola para comprarlos?
No podemos ser más injustos de lo que somos. Nadie tiene la culpa de nuestra voluminosa llanta, de esa prominente barriga que nosotros mismos. hemos visto amigos y amigas que tenían una figura aparentemente aceptable, y que hoy por hoy son unos verdaderos monstruos estéticos y de salud.
No es el verse bien, que claro, ayuda mucho y eleva la autoestima: la obesidad y el sobrepeso afectan la salud, y eso tenemos que entenderlo bien.
En Tamaulipas, la Secretaría de Salud ha iniciado desde la administración presente, un programa muy intenso al respecto. Huelga decir que antaño, las autoridades comenzaron a trabajar muy fuertemente en el tema. Recordamos el gobierno de Tomás Yarrington, cuando el secretario Héctor López instrumentó programas al respecto, o cuando Carlos Castro Medina lo hizo en su oportunidad.
Luego, el inolvidable Rodolfo Torre Cantú hizo esfuerzos muy grandes por hacernos entender. Hoy, el doctor Norberto Treviño García Manzo se cansa de instrumentar acciones, de autorizar partidas de dinero extraordinarias para combatir el mal del siglo, y los resultados son patéticos: nada avanzamos e el tema.
Peña Nieto ha descubierto que lo que vemos todos los días en forma cónica, ovalada o redonda se llama obesidad. Eso lo sabemos los que caminamos por las calles a diario y vemos muchachos y niños, muchachas y niñas con ropa grotescamente embarrada en la piel, dejando ver prominentes llantas y barrigas.
No es cosa del presidente o del gobernador, no es del secretario de salud: es de cada uno de nosotros.
No recordamos ver a promotores de la salud con una pistola obligándonos a comer saludable o a hacer ejercicio: es cosa de cada quien, y no tenemos derecho a culpar a los demás.
Es hora de asumir nuestra responsabilidad, de entender que el problema somos nosotros y nuestra forma de ver las cosas.
De no atender lo que debemos, seguiremos el inminente y terrible camino hacia una desastrosa calidad de vida, que nos llevará a vivir patéticamente, hacia una muerte poco agradable.
Los gordos no son culpa de nadie, sino de caa quien, y Peña Nieto no ha descubierto el hilo negro: ya lo sabíamos, pues.