Una oposición sin sentido

Sinceramente, como parte de la sociedad mexicana que goza de sus derechos ciudadanos, no nos parece una buena idea el ver a partidos políticos amafiarse para jorobar a los demás: como dice el periodista Carlos Marín: la alianza entre espurios e ilegítimos no es precisamente un ejemplo de honestidad y moral, de decencia o algo por el estilo.
Llama poderosamente la atención, y lo hemos manifestado con el derecho que nos asiste a hacerlo, que cuando se “arriman” los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática, nos parece una alianza inmoral, ilegítima, que aunque la ley lo soporta y lo permite, no es precisamente de gente que tiene principios.
Recordemos que cuando se conformaron los partidos políticos, siendo el PRD el último de los actuales que tienen realmente peso y presencia, había gente con principios y una moral definida.
Hoy, como hetairas, andan viendo quien les permite candidatearse para un puesto de elección popular, quien les arrima algo o a quién le dan votos.
No podemos afirmar, por ejemplo, que un partido como el que postuló al victorense Gustavo Cárdenas tenga presencia en la sociedad: todos sabemos que los votos son del ex candidato y no de un grupo político que se ha caracterizado por conformarse con vividores de la política, que viven del presupuesto que nos roban a los mexicanos.
Tampoco podemos pensar que el PAN ganó en Tampico hace tres años: Magdalena Peraza tuvo sus votos propios y ella ganó: seamos realistas: no gan´0 el PAN, sino la señora Peraza.
Y así ha sucedido durante años y en distintos estados: el hecho de que se junten con la idea de querer únicamente derrotar al PRI nos parece una estupidez, porque no les interesa más que ganar al otrora invencible tricolor: no les interesa proponer nada, sino quitar al PRI de donde gana siempre.
Se han olvidado de sus principios, de su moral, de todo lo que pueda parecerse a algo decente, pues.
Inmorales los supuestos izquierdistas que cobran en dependencias como la SEP y patean el pesebre que les da de comer todos los días; muchos de ellos, y es un secreto a voces: son aviadores y tienen más de dos o tres plazas, es decir, tranzan, roban, gritan… pero cobran y bien.
Esa es la realidad de muchos de ellos, incluidos aquellos de falsa moralidad y decencia que se escudan en las siglas de Acción Nacional, con doble vida y reputación, que critican a los tricolores y tienen cuentas pendientes.
Recuérdese a aquel individuo de baja –nula- moral y honestidad de apellidos García Cabeza de Vaca que sigue haciendo de las suyas amparado en fueros que le han sido regalados por un sistema que solapó sus bribonadas.
Y como ese personaje, muchos más.
Es increíble que salgan con amenazas de que si siguen en el Pacto por México o no. La verdad es que no se necesita gente sin moral, sin decencia, sin honestidad, sin principios.
México está hundido por la falta de gente valiosa, honesta, decente, sincera, y esos, esos que quieren cambiar al país han salido más bribones que Ali Babá o que Al Capone. Son unos auténticos gángsters de la política, vividores sociales que solo quieren llegar a ganar para mantenerse con las cuotas y privilegios que malamente la ley da a esos partidos políticos.
Sería más decente que se legislara para que esos millones que se entregan a los vividores de la política pudieran distribuirse entre la gente que no tiene trabajo y no tiene qué comer. Al menos, sabríamos que nuestro dinero es bien destinado.
Nos urge tener una nación gobernada por gente honesta, con partidos honestos, con candidatos y políticos honestos, decentes, honorables.
Aunque, a decir verdad…
Sabemos que esos términos no están en su vocabulario.
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