De todos los que nos conocen es sabido el amor que tenemos por la ciudad de Santiago de Compostela: hemos dicho que, pese al enorme amor que existe en nosotros por Victoria, la capital tamaulipeca, viviríamos sin pensarlo en Santiago, donde se puede aún salir a caminar a cualquier hora del día sin problema alguno ni miedo o temor posible.
De todos es sabido el amor que tenemos a esta tierra donde tuvimos oportunidad, desde 2005, de visitar sus sitios históricos y sobre todo, conocer a su gente maravillosa que nos ha robado el corazón.
De todos es sabido que hemos dejado una importante parte de nuestro corazón en la tierra donde se venera al Apóstol Santiago cada 25 de julio y todos los días por millones de visitantes; algunos concluyen aquí el legendario Camino de Santiago, y llegan a la Misa del peregrino con una enorme devoción ya conocida.
De todos es sabido que una de las grandes celebraciones en España es la que se lleva a cabo el 25 de julio, cuando se recuerda a Santiago apóstol, y en la ciudad de Santiago de Compostela se celebra una magna fiesta donde la catedral se ilumina en forma tan especial, que atrae a turistas de todo el mundo.
Cada año se preparan para maravillar al mundo; este año fue distinto: no hubo fiesta, sino un profundo dolor.
Un tren Alvia se descarriló a 4 kilómetros de la maravillosa tierra gallega, casi al llegar a Santiago de Compostela, una de las grandes ilusiones del columnista.
Hemos visto con horror la cinta donde en cámara lente se ve la forma en que el tren descarriló, dejando entre muchas otras cosas, el dolor, luto y tristeza en 78 hogares, uno de ellos mexicano. En este sentido, no hay nacionalidad alguna que valga: son 78 almas, 78 personas: 78 vidas.
Luto en Galicia por 7 días; luto en España por tres días: luto en los hogares de estos pasajeros durante toda su vida. Es el resultado de la tragedia.
Hemos manifestado nuestro solidario dolor y compañía espiritual con quienes se han distinguido con una gran amistad hacia nosotros: profesores, maestros, amigos, colegas, camaradas… todos, gallegos de corazón que hoy lloran la tragedia que, según estadísticas, no había una mayor desde 1940 o por el estilo.
El dolor de Galicia y Santiago de Compostela, de la provincia de A Coruña es generalizado.
Correos de los amigos que, entre otras cosas, dicen:
“No puedes imaginarte la sensación de dolor que existe en las calles de Santiago con todas las fiestas suspendidas. El drama nos ha tocado de cerca aunque no haya afectado a nadie conocido”
“Pelón: un dolor inmenso ahora que las historias afloran sobre los números. Afortunadamente de ente los más cercanos, todos están acá con nosotros todavía. Aquí se ve la fragilidad de la vida, y lo hermosa que esta puede ser y no damos importancia. También se ha visto de nuevo el compromiso y la solidaridad de las gentes, ahora que la crisis nos volvía día a día más ruines. Entre las víctimas una estudiante veracruzana de Derecho en la USC, una compatriota tuya. Muchos jóvenes, cuatro infantes y tres en crítico. Aún no se ha llevado a todos la tragedia”
Nada fácil ha sido asimilar la tragedia.
Amantes de Santiago de Compostela, pensamos en lo difícil que ha de ser hoy, en estos días, transitar por sus rúas y calles, avenidas y bares, respirando la tristeza y la tragedia de nuestros hermanos gallegos que han perdido a sus familiares. Nada fácil, sinceramente.
Mi deseo es patentizar el más profundo sentimiento a vosotros, gallegos que, como yo, tienen a Galicia en el corazón; a quienes el dolor ha arrancado reflexiones difíciles de asimilar, y hago votos porque haya resignación en los corazones, uno a uno, de sus hijos, de mis amigos.