No ha faltado quien critique las medidas tomadas por algunas escuelas respecto a los proyectos de la llamada “Escuela de Tiempo Completo” y la necesidad de que los chicos se alimenten en la misma.
Asociaciones que no son trascendentes o que no están cuando se les necesita critican las cuotas escolares, dejando a un lado la posibilidad de explicar para qué son las cuotas: son necesarias para que haya insumos que el gobierno no distribuye, y eso lo sabemos quienes tenemos hijos en escuelas públicas, y quienes estamos pendientes de las reuniones de padres, que si bien es cierto se tornan casi siempre en reuniones tediosas, pero al menos nos enteramos de qué se habla.
Criticar por criticar, sin argumentos, no es nada bueno.
Tenemos la idea de lo que se habla y en qué se gasta el dinero.
Es muy fácil criticar que se roban las cuotas directivos o padres de familia, cuando no tenemos siquiera la idea de todo lo que se necesita.
Hemos sido testigos por 15 años cómo se maneja el dinero en la primaria y tres años de cómo se maneja en la secundaria, ambas, públicas, y el lector deberá saber que no hemos encontrado irregularidades, porque estamos ahí, en las reuniones, y tenemos acceso a los estados de cuenta.
Insistimos, es tedioso, pero nos consta que es limpio el manejo.
En el cas de las escuelas de tiempo completo, ya dijo el subsecretario de educación Jorge Guadalupe López Tijerina que somos los padres los que tenemos que pagar los alimentos que ahí se les darán.
Los detractores piensan que es un pago injusto.
Decía la directora de la Secundaria General número 4, Patricia Elena Roché Rangel que había tres opciones para este proyecto: que los padres lleven de comer a sus hijos en el descanso, lo que implica pedir permiso diario en el trabajo, que los chicos lleven sus alimentos para la tarde, con el riesgo de que se descompongan, y que se contrate una empresa que lleve los mismos higiénicos, balanceados y sin problema alguno.
Esta tercera opción que elegida por la mayoría de los padres. Sabemos que en algunas primarias ciertos padres de familia se inconformaron y demandaron claridad en las acciones.
Más claro, ni el agua: les darán de comer a sus hijos, es decir: se comprará comida para que éstos tengan algo balanceado y justo, algo que pueda ser parte de su nutrición.
¿Es difícil de entender lo anterior?
El coste de cada comida ronda los 25 pesos; imagine usted si puede comprar y preparar algo balanceado y nutritivo por 25 pesos para su hijo…
No se vale echar por la borda los proyectos que se gestan para tener una mejor educación, que urge mucho a juzgar por los resultados que recogemos en las universidades y que demandan personas bien preparadas.
El plan piloto es un proyecto que, de funcionar, seguramente hará que todas las escuelas se conviertan en instituciones de tiempo completo, lo que sería, al menos, la garantía de que nuestros hijos tendrán una comida balanceada.
No pensemos que son los mejores, pero todos de repente comemos lo que podemos, por falta de tiempo, flojera o porque no queremos hacer de comer bien.
Nos están resolviendo un tema que tenemos que atender: la alimentación balanceada para los hijos de nosotros.
Ahora bien, si los padres –minoría- no están de a cuerdo, vayan a las escuelas, quéjense, hagan de comer para los muchachos, revisen las listas, oriéntense con un nutriólogo, resuelvan el asunto de los platos y cubiertos y de la sanidad de los alimentos, y entonces, tendrán la razón para quejarse.
Es necesario cambiar el “chip” y dejar de denostar los buenos proyectos. Hay que dar oportunidad de que nos demuestren si están o no en lo correcto, pero por favor, no nos convirtamos en quejosos por sistema, que para eso están los diputados y senadores renegados que nada les da gusto.