Somos lo que queremos

Hay comentarios que no lee en la red social Facebook que realmente llaman la atención por su cinismo o falta de inteligencia. Claro, otros, ensalzan virtudes, comparten razones y pensamientos que bien vale la pena disfrutarlos.

Algunas personas han iniciado el ciclo escolar con pensamientos que realmente dan flojera: pensar que llegan a su período o semestre con ganas de no estudiar es muy común, y no se vale que ocupen un espacio donde podría haber alguna persona que realmente quiera aprovechar lo que el estado paga por sus estudios.

De todos es sabido que las cuotas universitarias en Tamaulipas son bajas: la Universidad Autónoma de Tamaulipas ha instrumentado una serie de acciones que hizo públicas el rector José María Leal Gutiérrez para que los muchachos no paguen más que el año pasado: mantener cuotas no es fácil, más porque todo va para arriba en materia de costes.

En las unidades académicas hay cuotas internas que en ocasiones son elevadas, aunado a otros conceptos que no debieran cobrarse, sin embargo, el ocupar un sitio ahí quiere decir que somos privilegiados porque tenemos oportunidad de realizar estudios superiores.

No tenemos los conflictos del Distrito Federal, donde se da voz a haraganes que no tuvieron siquiera la intención de estudiar para un examen de admisión, y cínicamente exigen un sitio en la UNAM el IPN u otras universidades públicas, como si fuera obligación tener en un pupitre a vividores y holgazanes.

Hay de todo, cierto, pero el hecho de que la gente piense que va a ir a pasar las materias es causa de decepción para quien tiene interés, o en prepararse o en preparar alumnos.

Los que van con el pretexto de que trabajan o tienen otras ocupaciones más importantes, y piden hacer un trabajo para acreditar la materia debieran ser expulsados: esos no merecen la oportunidad de estudiar una licenciatura, no merecen ser considerados y deberían ocuparse en algún oficio acorde a su limitada capacidad.

Vemos que hay gente que se “mata” literalmente con sus estudios y otros que, de plano, han mostrado su beneplácito por reingresar a la Universidad, pero no los mueve nadie de una incómoda silla de plástico ubicada en los patios.

Pareciera que no les importa estudiar como el hecho de ir a ver a sus conocidos, contactos y amigos, para “cotorrear”, para ver “qué rollo”… menos estudiar.

La Universidad, como quiera que se llame, no merece que se hable mal de ella: muchos esfuerzos se llevan a cabo a diario, mucho dinero se invierte para que unos cuantos vividores nos echen por los suelos el prestigio que tratamos de enaltecer y levantar.

Queremos merecer buenos comentarios, pero con este tipo de personas difícilmente se podrá lograr algo interesante.

Es tiempo que se hagan ajustes en los procesos de admisión, tanto de alumnos como de catedráticos: que vaya a la universidad el que lo merece, el que tiene derecho y ganas de salir avante en un proyecto de vida que inicia con los estudios de licenciatura. Es tiempo de poner el esfuerzo necesario para que nuestro proyecto personal de vida sea congruente con las aspiraciones de cada quien.

Nadie hará lo que nosotros no hagamos, eso está más que claro.

Estamos convencidos de que de cualquiera de las universidades, públicas o privadas, saldrá gente valiosa y no tanto, saldrán vividores y personas con talentos inimaginables.

Demos el beneficio de la duda y pugnemos porque haya estudiantes de calidad, avalados por profesores de calidad, en instituciones de calidad. Es lo que tenemos que hacer todos los que estamos involucrados en ello.

Este lunes inició clases la UAT con expectativas muy elevadas: Leal Gutiérrez, rector de la máxima casa de estudios tamaulipeca quiere que seamos de lo mejor. No lo defraudemos, ni a él ni a las familias que confían en nosotros mismos.