¿Cínicos y delincuentes?

No cabe duda que México pasa por una crisis de proporciones inimaginables: el hecho de que un grupo de delincuentes haya tomado la ciudad capital implica que no hay autoridad alguna que les ponga freno.

Dicen ser profesores de la llamada CNTE -Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación-, sin embargo, sus acciones distan mucho de ser siquiera una pequeña imagen de lo que otrora fue el maestro.

El maestro era una figura respetable: no eran esos tripones desaseados, mal peinados que hoy se pasean impunemente por las calles de todo México afectando a millones de muchachos. Hay estados donde el problema es mayúsculo. afortunadamente en Tamaulipas contamos con muy pocos especímenes de esa naturaleza.

La prensa nacional da cuenta de cómo los diputados han cedido a los chantajes de los pseudo profesores, que, escudados en el anonimato agreden, insultan, violan, roban y muchas más acciones, en aras de justificar su poco inteligente actitud, mostrando una primitiva forma de actuar.

Dejar a millones de niños sin escuela no tiene nombre, y lo más triste es que el sistema oficial les sigue manteniendo el salario.

Decían algunos diputados y funcionarios federales que pretendían descontarles los días que no vayan a trabajar, pero parece que falta carácter o pantalones.

En cualquier parte que uno no vaya a trabajar no puede cobrar, y éstos, disfrutando de una total impunidad y con el cinismo que les caracteriza, cobran puntualmente su quincena.

En ese sentido, nos hemos pronunciado en que sean escuchadas sus demandas siempre y cuando se hagan por la vía legal, asegurando que, no porque sean de ellos tienen que ser tomadas en cuenta, ya que en un régimen democrático a quien asiste la razón es a la mayoría. Así es, les guste o no.

Nos pronunciamos también porque se les descuenten los días que no van a clases, dado que sus argumentos ilógicos carecen de toda congruencia; los señores que son propietarios de las plazas magisteriales no tienen idea de lo que es la educación y el respeto a los demás.

No es posible que los habitantes del Distrito Federal sean rehenes de un grupo minoritario amparado y solapado por un gobierno de izquierda incapaz de someter al orden a quien transgrede la ley.

Miguel Mancera, como Pilatos, se lava las manos y dice que no permitirán que haya desmanes, que los exhorta al orden, pero éstos, salvajes con ropa, no entienden que están jodiendo al país, y que sus actitudes son reprobables en todos sentidos.

Y algo grave, más grave, es que luego de lo que hemos visto en la televisión nacional: la forma en que llegan y agreden, patean, rompen, roban y violan la privacidad de muchos, su dirigente –o jefe de la banda- dice que no fueron ellos, que son agitadores los que han hecho los desmanes.

Ojalá convenzan a los familiares de los policías graves que trataron de impedir su ingreso a San Lázaro.

Reprobamos el hecho de que los cuerpos de seguridad no se defiendan; no se justifica con nada, porque en aras de “respetar” los derechos humanos de estos salvajes, violan los derechos humanos de los cuerpos de seguridad.

Hay que aprender a vivir en un estado de derecho, y asumir posturas de cualquier forma pero congruentemente. Los dirigentes de partidos políticos se echan la bolita diciendo que son los otros partidos los que propician los problemas.

Y los diputados, ya debieran haber pedido al Ejército o la Marina Armada de México su protección.

También son mexicanos, aunque sean perezosos, y deben hacer las leyes y propiciar que se cumplan. Por eso, ojalá les aplicaran el peso de la ley a estos bárbaros, salvajes, delincuentes y prófugos del pizarrón y las aulas.