Somos los seres humanos complejos: tenemos que ordenar nuestra exis-tencia y por lo difícil que resulta, hemos creado un sinfín de leyes para todo tipo de cosas.
Es impresionante entrar a alguna de las páginas de cualquier gobierno de una entidad federativa y ver la cantidad de leyes existentes: las hay para todo y para todos, aunque muchas de ellas son letra muerta.
Lo anterior nos recuerda la medida adoptada por casi todos los estados y que se refiere a los ordenamientos de tránsito: límites de velocidad, requisitos para poder circular, documentos, sanciones y demás están explicados a veces en términos que entienden perfectamente los abogados pero los ciudadanos no.
En ese sentido, tuvimos que ser sometidos a medidas impopulares y difíciles de entender como es el caso de los cristales polarizados.
Entendemos que se trata de otorgar seguridad a los conductores y ciudadanía en general, y que lo anterior ha sido el resultado de la situación que vivimos hace la varios años. El polarizado, en lugares como Tamaulipas se torna prácticamente necesario, dado que en el verano las temperaturas son extremadamente elevadas, de ahí la insistencia de muchos de nosotros por protegernos de un sol que hoy en día propicia graves problemas al organismo, como el cáncer de piel, entre otras enfermedades propias del mismo.
Hemos peleado el poder circular protegidos, sin embargo, entendemos que las leyes son para cumplirse; con tristeza vemos todos los días las camionetas oficiales y de lujo que circulan con polarizados peligrosos inclusive para la visibilidad del conductor.
Se argumenta que por razones de seguridad se hace, y nos preguntamos si no merece la misma seguridad un secretario de estado que un comerciante, un obrero en su vehículo o un doctor. Suponemos que debieran aplicarse a todos por igual, sin excepciones que muchas veces ofenden al ciudadano de todos los días.
Somos de la idea que hay que exigir a la autoridad competente el que se regule tal medida en forma equilibrada, sin favoritismos de ninguna índole.
También somos de la idea de que se haga un buen estudio sobre los límites de velocidad que a veces son demasiado rígidos y en otras no tanto. Sería necesario plantear esta medida sustentada en bases firmes.
Otro aspecto que debe mejorarse es el prohibir sin distingo alguno la cir-culación de vehículos que tienen problemas de mantenimiento y parecieran unidades fumigadoras: contaminan demasiado y no hay autoridad que les meta en cintura.
Algunos oportunistas disfrazados de líderes sociales argumentan que la gente no tiene para circular con un buen automóvil, es decir, que no hay dinero para su reparación.
¿Qué culpa tenemos los habitantes de las ciudades de ello?
Es muy sencillo: si alguien no puede mantener su automóvil sin que con-tamine, si no puede pagar un impuesto ilegítimo como la tenencia, si no tiene para poner placas que no sean de años atrás y estén en regla sus papeles, pues que no circule, que no compre carro viejo y desvencijado, que no nos contamine.
Nos gustaría que se adecuara la ley de tránsito para detener a las miles de personas –no se exagera, es dato real- que manejan con una mano en el volante y otra en su celular, que van chateando dejando la atención total para luego, convirtiendo su tránsito por nuestras calles en un peligro total: la falta de pericia y la de atención provocan muchos accidentes. De ello, el delegado Oscar Hinojosa tiene estadísticas que nos espantan por el número de distraídos o personas que circulan con el bebé en brazos.
¿Habrá manera de poner orden en este rubro? Créame, los ciudadanos agradeceríamos ser tratados como iguales, y que la ley se cumpla, pase lo que pase