AL MARGEN de partidas presupuestales, resultados electorales, tráfico de influencias o mal uso de recursos públicos, las cuatro últimas administraciones estatales en Tamaulipas mantienen por separado un distintivo que va acorde a cada titular.
De MANUEL CAVAZOS LERMA a EGIDIO TORRE CANTU, pasando por TOMAS YARRINGTON RUVALCABA y EUGENIO HERNANDEZ FLORES, los sexenios han dejado secuelas, o bien están marcados muy particularmente lo mismo en el ámbito gubernamental que en el personal.
Veamos.
El mandato constitucional de CAVAZOS LERMA es recordado por los tamaulipecos por su adoración a las pirámides, por su carácter hosco e impulsivo y, además, por el uso cotidiano de botas, sombrero y cinto piteado en eventos formales, rompiendo reglas elementales de seriedad y formalidad.
También, al gobernante matamorense se le recuerda por su afición al baile de polkas, huapangos y chotises, y por sus supuestos o reales romances con jovencitas a lo largo y ancho de la geografía tamaulipeca.
Hoy en día, es senador de la república por primera minoría y forma parte de la bancada priísta en la Cámara Alta del Congreso de la Unión.
TOMAS YARRINGTON RUVALCABA también imprimió su sello personal a la hora de gobernar, acceder a sus pasatiempos y el manejo de sus asuntos personales.
De entrada, eliminó de Casa de Gobierno todo indicio campirano que le heredó su antecesor y paisano, para dar paso a un estilo de vida más urbano.
Acrecentó su fortuna personal y patrimonial lo mismo en México que en Estados Unidos y disfrutó a placer el poder político.
Además de calificarlo como un sexenio dictatorial, los detractores y no detractores de TOMAS le achacan relaciones extramaritales que, por supuesto, nadie ha comprobado fehacientemente.
Actualmente, de acuerdo a su abogado defensor MARCO TULIO RUIZ, el ex mandatario tiene cancelada su visa para ingresar a los Estados Unidos y no existe evidencia legal acerca de bienes patrimoniales en ese país.
No obstante, el gobierno yanqui recientemente remató un lujoso departamento en la Isla del Padre que, aunque estaba a nombre del empresario ferretero NAPOLEN RODRIGUEZ DE LA GARZA, siempre se le adjudicó a YARRINGTON.
Lo mismo sucede con una residencia confiscada en McAllen, Texas a una ex catedrática universitaria identificada como CINDY CHAPA, a quien se liga sentimentalmente con el ex Jefe del Ejecutivo Estatal.
Además del distintivo provocado por la corrupción, EUGENIO HERNANDEZ FLORES dejó particular huella a su paso por el gobierno tamaulipeco.
Allegados al poder de la época aseguran que hubo de someterse a tratamiento médico para erradicar su afición a sustancias prohibidas, apenas iniciando su período constitucional.
Viajes, motocicletas y otras extravagancias envolvieron a quien conquistó el voto femenino durante el proselitismo, dados sus atributos físicos.
El poder y el dinero finalmente cobraron su factura a EUGENIO, impactando de lleno el seno familiar. La disolución del vínculo matrimonial es lo menos que se menciona actualmente de quien vive y disfruta de las playas del mar Caribe.
Como es evidente, distintas historias y circunstancias envuelven a los ex gobernantes antes mencionados.
A mitad de su gestión sexenal, el ingeniero EGIDIO TORRE CANTU lleva en su elección el primer sello distintivo.
El asesinato a mansalva de su hermano RODOLFO, candidato del PRI a la gubernatura, lo catapultó a la titularidad del Poder Ejecutivo tamaulipeco.
La carga financiera de sus dos últimos antecesores y el gasto millonario en materia de seguridad pública aunado a que muy probablemente ya no impondrá a su sucesor son, hasta el momento, las características del actual gobernante.
¿Cómo la ve?
Y hasta la próxima.
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