Con la inminente salida del maestro José María Leal Gutiérrez de la rectoría en la Universidad Autónoma de Tamaulipas ha comenzado ya un inusitado movimiento que incomoda un poco a muchos, porque se trata de buscar a un sucesor que pueda con el cargo, mas no se han puesto a pensar en muchas de las cosas que ello implica.
Se dicen muchas cosas cuando hay un cambio, y en este caso, se habla de que “Chema” tiene una muy buena oportunidad de desarrollo personal y profesional en el Distrito Federal. La verdad, no hay alguna información confirmada que constate o rechace tal versión; lo que es un hecho ya en la comunidad universitaria, a decir de los que la integran, es que el rector Leal Gutiérrez dejará la rectoría durante el presente año, casi a finales, abriendo la sucesión antes de tiempo.
Muchos que se creen con derecho de ser rectores están comenzando a moverse, inclusive, con una parte de deslealtad hacia quien hoy por hoy dirige los destinos de la UAT. Desde su llegada al máximo cargo a que puede aspirar un universitario en Tamaulipas, Leal se ha caracterizado por varias cosas, siendo el impulso a la calidad educativa y de investigación el más importante.
La proyección que ha tenido la UAT en los últimos años es significativa y muestra lo que puede hacer alguien que realmente quiere su trabajo, su cargo, supuesto. El rector Leal Gutiérrez también ha tenido una valiosa virtud: escuchar a los integrantes de la comunidad, desde alumnos hasta los más prestigiados investigadores, que a final de cuentas, somos todos importantes en el engranaje universitario: sin la intervención de cualquiera de los que estamos dentro de la UAT el aparato no funcionaría adecuadamente.
Y la verdad sea dicha: el resultado ha sido trabajo de todos, pero ha sido bien encabezado y dirigido por la rectoría y el equipo de colaboradores. Sin éstos, no habría los resultados que se han obtenido.
En ese tenor, los virtuales sucesores de Leal están comenzando a hacer “campañas” disfrazadas de actividades unos, y otros, realmente están tranquilos, sabedores que la decisión será tomada en bien de la propia Alma Mater tamaulipeca y no por favorecer a algún amigo personal.
El rector ha sumado muchas cosas para la UAT y eso lo vemos desde dentro y fuera: se nos ubica mejor en el contexto nacional, hay apoyos verdaderos para quien quiere laborar y trabajar fuerte en los campos que debe sobresalir una universidad pública, y para ello, hay que tener buena dirección. Hay mucho que agradecer al rector Leal Gutiérrez, como en su tiempo se hizo con sus antecesores, quienes dejaron importantes huellas dentro de las páginas de la historia de la UAT.
Todos han hecho su labor y han tenido aspectos que pudieron mejorarse. La condición humana siempre está presente, y no se puede pensar en que se ha tenido una gestión perfecta. No existe, sencillamente.
Lo que no se vale es que haya quienes piensen que tienen los merecimientos y hagan grilla de pasillo dejando a un lado sus responsabilidades.
No se imagina el lector la cantidad de personas que piensan tener derecho a ser rectores, ambición muy lógica en cualquier universitario, pero de ahí a que sea prudente hacer movimientos como los que en algunos campus se hacen, dista mucho de lo que debiera ser una parte del equipo de Leal Gutiérrez, donde debe prevalecer la unidad y el trabajo de todos.
Faltan pocas semanas para el anuncio oficial, y en ese sentido, seguramente el rector estará pensando en sus propuestas a la Asamblea Universitaria o a quien corresponda, pero el asunto es que no se debe dejar el tema a un lado, pero hay que ser cuidadosos, leales, y sobre todo, tener conciencia de las verdaderas posibilidades.
Que se eche a los grillos buenos para nada será saludable. Ojalá se pueda hacer, y entonces, la UAT cambiará su dirección, mas no sus objetivos, trazados en forma por demás eficiente por “Chema” Leal Gutiérrez.
Todos queremos una buena universidad, y Tamaulipas la merece.