La privacidad de las Redes Sociales de Internet

Ante todo, la definición que consideramos correcta: hablar de redes sociales es hablar de la familia en principio y de ahí hasta nuestros días y redes conocidas: Facebook, Youtube, Twiter y demás. Nos ocuparemos de las actual y su repercusión en el entorno que nos toca vivir.

Llama la atención a la comunidad el video que en Youtube se puede apreciar sobre la maestra del CBTIS 13 de Ciudad Madero y una alumna de nombre Marina, a quien supuestamente exhibe por haber subido comentarios obscenos hacia la persona de la profesora.

En primera instancia, el video donde se le “exhibe” no es más que una clara muestra de lo que debe llevar a cabo un profesor dentro de su cátedra: formar recursos humanos competentes y preparados para enfrentar la realidad y a la sociedad dentro de sus campos respectivos de desarrollo.

Dicen algunos poco precisos que la chica puede subir lo que quiera a su red social, y que nadie tiene derecho a decirle o quejarse.

Entendamos: el respeto a los demás y a la sociedad es y debe ser prioridad en cualquier persona.

Yo puedo publicar lo que me venga en gana, cierto, porque finalmente es mi red, mi página o mi sección, pero cuando lo someto a la vista de una red social, donde todo es prácticamente público a poderse ver por mis contactos múltiples, es porque me interesa que se vea, y bajo ninguna circunstancia aprobamos el hecho de ofender, difamar o calificar a una profesora como “perra” o “puta”, tal y como lo hace la supuesta estudiante, quien es filmada por alguien y el video se vuelve a subir a Internet.

Ahora resulta que puedo decir lo que quiera de cualquier persona: ofender, difamar, menospreciar sin que haya más derecho que el mío sobre una supuesta “libertad de expresión”, tan poco válido en estos menesteres.

Y decimos que no vale, porque la libertad de expresión no es difamar o hablar mal de personas o instituciones. En ese sentido, caen los miles de usuarios que se dedican a hacer comentarios poco congruentes del presidente Peña Nieto o de algún mexicano sobresaliente. Nada hay más falso y falto de verdad que el ampararse en lo que vemos a diario.

La profesora cumple con su papel de formadora y además enfatiza que llegará hasta sus últimas consecuencias: ojalá sea cierto y pueda cumplirse con esta premisa, antes de que las redes de “derechos humanos” aboguen por la pobre alumna, la inocente chiquilla y dejen fuera de sus pensamientos los derechos de la profesora.

Somos de la idea de que todos tenemos derechos por igual: maestros y alumnos somos iguales en todos sentidos, así que, por favor, que no nos vengan con que hay que perdonar las ofensas y no hacer lo que se debe llevar a cabo.

La profesora tiene tantos derechos como la muchacha, y si ésta última utilizó las redes sociales para ofender y difamar, lo menos que puede hacer es disculparse en el mismo soporte y espacio, como marca la Ley de Imprenta vigente, al menos, en Tamaulipas y que tampoco se cumple a cabalidad.

Es necesario entender que lo que se publica en una red social puede tener repercusiones. No vale ahí el anonimato cobarde en el que se escudan miles, ni la estúpida forma de registrarse con datos y nombre falso. Hay que dar la cara.

Somos muy valientes para señalar, pero nadie quiere dar la cara, en una actitud poco congruente, cobarde e innecesaria.

Es tiempo de que hagamos algo por hacer valer nuestros derechos: los de las personas y grupos y los nuestros propios. Nadie nos avala para ofender, y eso que quede muy claro.

Podemos inconformarnos, estar completamente en contra de lo que sucede o nos dicen, pero hay que saberlo expresar, no caer en insultos y faltas que son propias de una persona carente de educación, moral, formación y otras cosas.

Hagamos algo por hacernos respetar, es tiempo ya. Dejemos el cobarde anonimato y enfrentemos las consecuencias de nuestras acciones.