La ’Bestia’ y el Bravo’, pesadillas para centroamericanas

Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Denya Marilú, una hondureña de 22 años de edad, nunca imaginó que su condición de mujer la hacía vulnerable ante los demás, y más aún cuando ingresó a México por la frontera de Talismán, en Chiapas, cuando estuvo a punto de ser violada, o cuando subió a ‘La Bestia’, en la que ya han muerto varias jóvenes a manos de criminales.

No puede borrar de su mente el terror que sintió cuando el conductor de un vehículo intentó abusar de ella por la fuerza, cuando apenas había cruzado como indocumentada la frontera entre México y Guatemala, hace casi un mes.

Luego de 15 días de penosa travesía desde Honduras hasta Chiapas, y otras dos semanas para llegar a esta ciudad, Denya comprobó en ‘carne propia’ lo que le habían contado que ocurría a las mujeres migrantes de su país en México, por lo que inevitablemente el llanto la traicionó.
“En México hay personas buenas, pero también malas…pero ese hombre que nos dio raid cerca de Tuxtla (Gutiérrez) quería violarme…no me dejé, pero me dijo que si quería me violaba. Sentí terror al pensar lo que me pasaría si me negaba”, dice entre llantos esta joven morena y bajita de estatura.

Pero el hombre nada le hizo, tal vez porque su hermana Emérita, mayor que ella, más alta y corpulenta, la acompaña en esta aventura; estaba decidida a defenderla aún a costa de su vida, al enfrentar al sujeto.

Al bajar del auto caminaron varios kilómetros durante unos días, hasta llegar a un lugar por donde pasa el ferrocarril carguero, al que los migrantes han bautizado como ’La Bestia’, por la forma en que miles de centroamericanos trepan en su lomo, y por la gran cantidad de muertes que ha dejado a su paso, al que subieron con temor y recelo.

“Sufrimos mucha hambre, sed y frío. Fueron muchos días de desvelo, porque no podíamos dormirnos por el temor a que algo nos pudiera pasar”, explica mientras se enjuga los ojos humedecidos por el llanto.

Narra que en varias ocasiones el tren se detenía en medio de la oscuridad, y que a lo lejos escuchaban gritos, llantos, y luego el silencio, hasta que el tren emprendía de nueva cuenta el trayecto hacia nuevos temores.

A pesar de su corta edad, Denya tiene dos hijos, los que dejó encargados con su madre, ya que es mamá soltera, y porque la necesidad de tener un mejor porvenir, la obligó a salir de su país en búsqueda de lo que llamó ‘mi sueño’.

“Ese es mi sueño, ir a Estados Unidos y trabajar, porque mis hijos tienen mucha hambre y necesito llegar…”, expresa de manera tajante y decidida, aunque dice que si en ello se la va la vida, lo intentará porque en Honduras la crisis tiene a ese país hundido en la miseria.

“Tengo miedo…no sé nadar”

Por su parte, Emérita menciona que entre las dos se apoyaron durante el peligroso trayecto, y aunque ya no tienen dinero para pagar a un ‘pollero’, cruzarán el río, pero no saben nadar y no conocen las rutas ni los riesgos que existen en el caudaloso río Bravo, no menos peligroso que ‘La Bestia’.

En este año el río ya cobró 24 vidas en el lado mexicano, pero en la región de Laredo, de acuerdo a la Patrulla Fronteriza, 47 personas fallecieron, la mayoría por deshidratación al perderse en el desierto y al ahogarse en el torrente que sirve de frontera entre ambos países.
“Queremos llegar hasta Virginia, en donde esperamos encontrar trabajo con unos familiares”, dice esta mujer.

Menciona que el tramo que faltaba para llegar a Nuevo Laredo, lo hicieron en autobús de pasajeros, y que llegaron a la ciudad sin problemas.

Ella tiene cuatro hijos, y aunque tiene esposo, en vez de detenerla la animó a emprender esta aventura de la que no sabe el final, aunque su ilusión es llegar a Estados Unidos, pero el no saber nadar les ha detenido su travesía.

“No sé nadar y tengo mucho temor. Le tengo miedo a todo, porque mucha gente habla de que la situación aquí está tremenda, y que no se puede pasar tan fácil. Pero a pesar de todo tenemos que pasar, porque en Honduras la vida es muy difícil para las mujeres”, señala.

Era camarera en una casa, y por mes ganaba mil 200 lempiras, poco más de 775 pesos mexicanos, dinero que no le alcanzaba para sufragar sus gastos, ni con el salario de su esposo.

Ambas estudiaron solo la primaria, y aunque apenas saben lo básico, confían en poder cruzar el río Bravo, llegar a Virginia y trabajar en lo que sea, “pero le tengo mucho miedo al río porque no sé nadar”, reitera con mucho temor.

De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística de Honduras, en los últimos años han salido de ese país unas 300 mil personas con destino a Estados Unidos, y hasta antes del 2010 el 85% de los que cruzaron se estableció en ese país, aunque destaca que de ese porcentaje, el 38% fueron mujeres con edades de 20 a 35 años, algunas de ellas mueren antes de conseguir su objetivo.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), refiere que las mujeres migrantes son muy vulnerables al ingresar a México solas, ya que son víctimas de abusos, explotación sexual, y asesinadas.

El tres de mayo de este año, dos mujeres hondureñas perdieron la vida a manos de delincuentes en el estado de Chiapas, cuando viajaban en el tren carguero, pero el caso más trágico ocurrió en el 2008, cuando doce mujeres de ese país fueron secuestradas cuando estaban arriba del ferrocarril; nada se sabe de ellas hasta ahora.

El director de la Casa del Migrante en esta ciudad, Jesús Manuel Reyes García, refiere que este año aumentó el número de mujeres de Honduras que llegan al albergue, y que en este momento hay 9, lo que representa un 9 por ciento más que el año pasado, además de que Honduras es el país que más migrantes expulsa, con un total de mil 867, de un total de 5 mil 303 migrantes de todas las nacionalidades que hasta el momento han sido atendidos