Algunos políticos tomaron como bandera el que se ayudara a los más pobres o algo por el estilo, pero el caso era que dejaban siempre, como suele suceder, fuera de todo a la muy castigada y vilipendiada clase media mexicana, aquella que prácticamente mantiene al grueso de la población, incluyendo a los que cobran para hacer las leyes.
De todos es sabido que México tiene un porcentaje de gente que no paga impuestos superior al 70 por ciento, lo que, en números redondos quiere decir que por cada tres mexicanos que pagan sus impuestos, siete no lo hacen por diversos motivos que van desde la falta de dinero para hacerlo, hasta la evasión, actitud muy socorrida en gente que tiene dinero de sobra… y gente que le perdone –o solape- su falta de cumplimiento fiscal.
El gobierno necesita dinero para seguir funcionando, de ahí la importancia que haya de donde sacar más, y como la clase baja no puede pagar, pues se cobran con los que estamos en la clase media y que cada vez somos menos, dado que estamos acercándonos a los que menos ganan.
La nueva propuesta de reforma fiscal que ha entregado el gobierno de la República es, desde nuestra óptica, una parodia de aquel cuento de Robin Hood, cuando es hecho preso el rey Ricardo Corazón de león y su tirano hermano llega al trono; al necesitar más dinero, ordena: “sube los impuestos”, perjudicando enormemente a su pueblo.
Muchos piensan que la mejor manera de hacerse de dinero es subir los impuestos. Nosotros suponemos que es una política poco acertada.
Mire que cobrar el 16 por ciento del Impuesto al Valor Agregado –IVA- a las colegiaturas, o a los refrescos y a los espectáculos, nos parece una muy mala medida.
Dice Consuelo Mendoza, presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia que el IVA a colegiaturas afecta a gente de nivel medio y medio bajo, nuca a los más ricos.
Se pronuncia a favor de la calidad de la educación, porque pondrá a México en niveles mejores de los que estamos, pero considera que cobrar el 16 por ciento porque nuestros hijos estudien donde se garantice una buena educación le parece injusto. Todos pensamos lo mismo… o casi todos.
Se aplicará, de ser aprobada ésta reforma, el 16 por ciento de IVA a la compra de inmuebles, lo que encarecerá 16 por ciento las viviendas; se pagará IVA por la renta de inmuebles, a servicios educativos.
A los autobuses foráneos, es decir, sus tarifas, se les cargará el terrible IVA, perjudicando a millones de viajeros, turistas y que por necesidad toman estos servicios.
Se cobrará IVA a conciertos, exceptuando cine, teatro y circo, lo que encarecerá más las posibilidades de un buen evento musical o recreativo, con la posibilidad de que se cobre a quienes vayan a los estadios.
Se habla, pues, de una enorme carga tributaria, cuando lo que podría haberse pensado es en una buena estrategia para que toda la gente pague sus impuestos puntualmente, sin necesidad de subir las tasas o los motivos para quienes tratamos de vivir mejor cada día.
En Tamaulipas, los industriales y empresarios de la zona fronteriza han puesto ya el grito en el cielo, porque subirá allá de 11 a 16 por ciento el cobro de IVA, y encarecerá todo, golpeando a la clase trabajadora y a quienes tienen empresas y generan fuentes de empleo.
Esa es la realidad que estamos viviendo, y las voces inconformes siguen creciendo.
Se hace más latente aquella figura del rey del cuento de Robin Hood que, en aras de juntar más dinero para sus gastos, golpeó a un pueblo que le era fiel y necesitaba de su gobernante de una forma más eficaz.
No creemos que subir los impuestos ayude: por el contrario: generará, seguramente, muchas más muestras de inconformidad.