Este fin de semana Victoria, la capital de Tamaulipas celebra su aniversario número 263.
Más de dos siglos y medio de existencia de nuestra querida ciudad han hecho que nos podamos sentir orgullosos de ser parte de ella; su historia, sus tradiciones, su gente, sus sitios interesantes y de paseo… su esencia puramente tamaulipeca nos hace sentir orgullosos de la vieja capital, de la vieja ciudad, de ese sitio que ha sido centro de interés para poetas y músicos.
Panchito Flores, Altair Tejeda de Tamez, Francisco de P. Arreola, Lupita Ramírez o María de los Ángeles Guillén de Haces han dejado constancia de la existencia de este maravilloso lugar que, al pie de la Sierra Madre existe y subsiste en tiempos difíciles. Hoy, Victoria, capital nuestra, ciudad querida y amable cumple años y hay que festejarla.
Muchas cosas hemos vivido, buenas y malas, aunque afortunadamente superan con creces las positivas: personajes importantes en el contexto nacional surgen de sus calles y casas, de sus familias y gente, de su calidad y calidez humana. Victoria celebra su aniversario y tenemos que hacer una buena fiesta.
Hubo un espectáculo de globos aerostáticos que, desgraciadamente, no estuvo al alcance de la gente según nos han hecho saber muchos de los asistentes a este paisaje multicolor que se dejó sentir en el cielo victorense, en cielo cuerudo.
Por la capital han pasado personajes del mundo de la política y la cultura a través de sus lustros. Destacados victorenses que llegaron a ocupar la gubernatura de Tamaulipas, cargo máximo que un oriundo de nuestra tierra puede tener y aspirar, y han entregado lo mejor de sí para que nos podamos sentir orgullosos de su función y de nuestro suelo cuerudo.
Hay piezas musicales dedicadas a la capital, obras teatrales, poesías, ensayos e investigaciones que han realizado destacados historiadores: Laura Hernández de Castro, Octavio Herrera o Juan Fidel Zorrilla, por mencionar solamente a algunos.
De los escritores, hemos dado cuenta de algunos nombres muy queridos; en el teatro y las bellas artes en general tenemos también gente muy valiosa: Emilio Rodríguez Montantes, Xavier Cázares Perales, Alejandro Rosales Lugo, Carlos Valdés, Alberto López, Medardo Treviño –originario de Río Bravo, pero patrimonio cultural tamaulipeco- y otros que han llegado desde muy lejos a compartir su arte como José Luis Pariente, excelente artista de la imagen, o Pablo Martínez Borrego, Juan Francisco Ipiña y, en las nuevas generaciones, la excelente oportunidad de la lente de Aníbal Martínez, por citar, insistimos, solamente a algunos de los que han dado brillo a la capital.
Los hijos de Victoria no nacieron todos en nuestro suelo: hay muchos que llegaron con esperanzas de quién sabe qué tantas partes de México y el mundo, pero todos han sido adoptados como parte de nuestras familias y nuestra gente, de nuestras raíces.
No podemos olvidar a los que cantan a Victoria como Sara Vargas, Roberto Cantú o Rodrigo Nájera.
Hijos predilectos hay muchos, que han dejado su legado para las futuras generaciones.
Somos un pueblo afortunado, sin duda alguna.
Pasear por su tradicional “diecisiete” o transitar por su hoy conflictiva calle Hidalgo es parte de nuestros paseos cotidianos. Llegar al Paseo Méndez y ver la comunidad escolar del colegio “Antonio Repiso” se convierte en elemento necesario para escribir nuestra historia. Qué decir del Centro Universitario donde miles de personas se preparan para enfrentar el futuro, o de el increíble Planetario de Victoria, el Centro Cultural, la Unidad Gubernamental o su moderno Palacio Legislativo.
Todo eso forma parte de la ciudad que nos abriga y nos da motivos para sentirnos orgullosos y cantar como lo hacía el inolvidable Ponchito Flores: “Yendo de Tula a Jaumave…” el himno de todos los victorenses: el cuerudo tamaulipeco. ¡Ora pues!