Transparencia administrativa

Los sistemas de administración y control existentes en la administración pública son a veces detestables, difíciles, o de plano, no estamos de acuerdo en la recopilación de comprobantes de gastos. No nos gusta el control, es más que la verdad, sin embargo, hemos sido encerrados en estos sistemas por la mala administración y falta de claridad.

Somos una sociedad, en México, que requiere de sistemas de control con un grado de meticulosidad muy grande gracias a los enriquecimientos insultantes que vivimos año con año, cada tres o seis años, y que pasean impunemente por nuestras calles sin el menor reparo, con todo el cinismo existente.

Conocemos gente que vive bien, y que en un período oficial vive extremadamente bien: mandan a sus hijos a estudiar al extranjero y a vacacionar a lugares exóticos sin limitantes, o compran vehículos y viviendas a todo lujo. Antes, no salían del carrito de todos y la casa, modesta pero en buen estado.

Estamos cansados de tanta deshonestidad, de ahí que las administraciones municipales tengan mecanismos de control poco confiables, porque es difícil ser juez y parte, pero es un pequeño freno a muchos bandidos. Luego, en el Congreso del Estado se vuelve a checar y hay auditorías externas que tratan de poner orden.

Al cambio de administraciones municipales se está exigiendo una totalidad de cuentas claras y honestas, donde se demuestre en qué se gastó cada peso que se otorgó a éstas. Algunos alcaldes no la librarían si se hiciera un meticuloso control. Sucede igual en instituciones de educación superior, donde funcionarios de muy bajo perfil gastan el dinero que bien pudo destinarse a investigación y promoción del conocimiento.

No hay para estos rubros porque lo que había se gastó en viajes inclusive familiares, a eventos que no tienen la justificación adecuada, y que cuentan solo con el visto bueno del “jefe”.

Es necesario ser más estrictos y cuidadosos con el dinero público: nada nos permite gastar impunemente lo que es de la Nación y se destina a nuestra formación, promoción o servicios.

Es justo además que se hagan y estructuren sistemas de control con toda la rigidez necesaria, y que quien no pueda o no sea capaz de comprobar lo que se le ha confiado, que pague con penas judiciales y no se le vuelva a confiar un centavo siquiera, por haber abusado de esa confianza depositada en la persona deshonesta.

Hoy se pide a los ayuntamientos que haya cuentas claras y está en el aire la amenaza de las demandas por malversación de fondos, pero no hay que ser tan rígido para ver que tal o cual persona vive hoy mucho mejor que hace tres años.

Los ciudadanos exigimos transparencia en el uso de nuestros recursos: que no se gaste más en banalidades de los que viven cerca del que manda en la política: no tenemos por qué pagar sus caprichos. Que los paguen ellos, si es que los quieren.

Hace algunos años la Universidad Autónoma de Tamaulipas metió orden en los gastos de toda índole y ocasionó molestia en aquellos que gustan de desviar recursos. Hoy, podemos constatar que se manejan los dineros universitarios con toda claridad, y para sacar algo de dinero hay que tener una verdadera justificación para lograrlo.

Y en los ayuntamientos, esperamos corran la misma suerte los ladrones, y que los dineros de nosotros se conviertan en alumbrado o pavimentación, en parques y jardines o algo más productivo que automóviles último modelo o remodelaciones de viviendas particulares. No queremos más ricos de trienio o de sexenio.

Es tiempo de querer a México y demostrarlo cuidando sus recursos. Ojalá el Congreso y las contralorías municipales y estatal hagan un trabajo meticuloso, en bien de nuestra “lana”, y de nuestra sociedad.