Se veía venir desde antes…
Cuando el ingeniero Humberto Filizola Haces cumplía con su segundo período como rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, comenzó a correr el rumor de que se reelegiría de nueva cuenta, ampliando a tres sus ciclos como jefe de la máxima casa de estudios tamaulipeca.
Pese a que los estatutos de la UAT marcan claramente que el período es de cuatro años y se tiene derecho a una reelección –lo que es hoy en día aún discutible-, el entonces rector Filizola se ungió por cuatro años más como máximo representante. Los miembros de la H. Asamblea Universitaria votaron a favor de esta medida argumentando que era la voluntad de la comunidad universitaria, también, término discutido aún por muchos, pese a que han pasado más de diez años de ello.
Al rector José María Leal Gutiérrez se le propuso una segunda reelección, sin embargo, en congruencia con su filosofía personal y profesional, no aceptó, en base a dos aspectos fundamentales: su probidad como persona y su congruente actuar como rector.
Al arribo del virtual rector Enrique Etienne Pérez Del Río, decenas de miembros de la comunidad universitaria –académicos, investigadores y estudiantes inclusive- se preguntan si será congruente reelegirse, cuando vivimos en una Nación donde no se permite que el presidente lo haga.
El ejemplo de la UAT es muy claro, y muchos miembros de este sector han pedido a las autoridades que vienen y que participarán de los destinos de la Universidad por cuatro años a partir del uno de enero de 2014, que se prohíba la reelección inclusive, tomando en cuenta que algunas Unidades Académicas se han convertido en propiedad de unos cuantos, en coto de poder de quienes han vivido del presupuesto de la UAT sin merecer tantas distinciones.
Existen directores y directoras que tienen tres o cuatro períodos en el cargo, dejando sin oportunidad a grupos políticos, a quienes definitivamente obstaculizan en todos aspectos, y también, haciendo crecer muchos vicios naturales del ser humano que se enquista en una posición.
Los cambios son saludables, humanos, necesarios y prudentes.
Quienes optan por hacerse permanentes en el directorio de funcionarios debieran entender que nada mejor hay para sus proyectos que la continuidad con personas que tengan ideas nuevas, que quieran y puedan mejorar lo ya realizado a la fecha.
Muchos ejemplos se han visto: Adame a Filizola, éste a Lavín Santos Del Prado, luego, Leal Gutiérrez han dejado constancia de que los cambios son saludables y se ha mejorado lo ya existente.
El reto del nuevo rector será, sin lugar a duda, acabar con esos cotos de poder y con las familias “genio”, entendiendo como tales a esos grupos sociales que, encabezados por quienes llevan el mismo apellido, tienen en las nóminas a sus descendientes y familiares cercanos.
Pareciera que el talento se hereda en el ADN de unos cuantos y se pasa a los hijos, nietos, cuñados, yernos, primos, esposas y esposos y nada más. Hay en Tamaulipas otros ciudadanos brillantes y con talento que no pertenecen a esas familias, y sería saludable echar un vistazo a esas nóminas familiares, para que la sociedad tenga la certeza de que en cada puesto en el que participan los universitarios se ha colocado a gente con habilidades para desarrollarlo.
Se entiende que la comunidad universitaria cada vez es más exigente, y por tanto, los que dirigen tienen que cambiar muchas cosas. Hay quienes proponen que no haya siquiera una reelección: que se amplíe el período de los directores a seis años y al término que llegue otro: por ningún motivo que repitan.
La propuesta es interesante y valdría la pena estudiarla, para acabar con los fantasmas de la repetición cotidiana que se presenta en esos cotos que unos llaman Unidades y otros, su propiedad.
La UAT, extraoficialmente, tiene rector: sus funciones y juicio social, a partir de enero de 2014.