El tema de los derechos humanos ha sido ampliamente discutido por todas las instancias posibles, públicas y privadas, y siempre ha sido objeto de debate por la forma en que se presenta.
Hay quienes abusan de este derecho y quienes exigen el mínimo respeto para su persona, pero no nos ponemos de acuerdo en muchas cosas. Un ejemplo claro es el hecho de que los delincuentes disfrazados de manifestantes hacen gala de una actitud por demás nefasta contra cuerpos de seguridad, argumentando su derecho a manifestarse, pero violando los elementales derechos humanos de quienes deben salvaguardar la seguridad y tranquilidad de nuestro país.
No entendemos, en ese sentido, que sea válido lanzar fuego o piedras a un policía exigiendo que se respeten nuestros derechos. No va por ahí.
Y en ese tenor, mucha gente que pide sean garantizados sus elementales necesidad de ser garante de estos derechos, y a través de instancias oficiales procurar la garantía de los mismos.
El Congreso del Estado se ha preocupado en ese sentido porque nuestra entidad sea conocida por su respeto a los derechos humanos de los demás, y ha llevado al foro legislativo la iniciativa de reforzar los mecanismos que nos permitan entendernos como entidad que respeta los derechos de los demás. Hay consenso en ese sentido: ningún color se opone a la exigencia de un respeto irrestricto a los derechos de los demás, los propios, y sobre todo, que seamos capaces de entender que las libertades de todos son tan importantes como las nuestras. Así de sencillo.
Y en esa línea de la búsqueda del respeto hacia todos, el diputado Ramiro Ramos Salinas ha puesto un gran empeño para que todos los diputados, las distintas fuerzas políticas tengan la idea de los ciudadanos en ese sentido: respetar a los demás como prioridad y hacer cumplir la ley hacia los que no tienen idea de lo que deben hacer, y que, desgraciadamente, aún son muchos.
El legislador, como cabeza del Congreso tamaulipeco, busca el consenso total que nos garantice lo anterior, y que no precisamente se castigue con fuertes multas a quien no lo hace cumplir, sino que tengamos la capacidad de entender, aceptar, asimilar y respetar a los demás.
Es sencillo: cada uno tenemos derechos y obligaciones, y para hacer válido el respeto a lo que pensamos o hacemos, debemos hacer lo mismo con los demás.
Estamos ciertos que no hay línea política que se oponga a lo anterior aunque de repente veamos a uno que otro legislador como loco en manifestaciones que violan el derecho de cientos o miles, aunque sepamos que agrupaciones políticas casi fantasmas exigen que se respeten sus derechos humanos cuando no tienen la capacidad humana de permitir que todos tengamos las mismas oportunidades de desarrollo.
Tan importante es lo que pienso yo como lo que piensas tú, lo que hago yo, como lo que haces tu… lo que soy yo como lo que eres tú, dirían los filósofos, pero no es el caso recordar estas premisas, sino conducirse con todo el respeto hacia ellas y quienes las profieren.
El llamado es hacia quien quiere vivir tranquilo y ser respetado: hay que hacer lo que quisiéramos que hagan con nosotros, aplicando aquella vieja frase de “no hagas para otros lo que no quieras para ti”, y suponemos que de esa manera podríamos ser mucho mejor ciudad, sociedad, estado o nación.
Esperamos sinceramente que los esfuerzos que lleva a cabo el Poder Legislativo, a través de nuestros representantes populares, tenga un buen eco en los resultados que se obtengan, que haya una mayor cultura de respeto hacia los derechos humanos, y que las leyes se apliquen con todo el rigor que se necesita.
Solo el concepto de respetar a los demás nos dará la calidad humana que necesitamos para convivir en paz y con la armonía que requiere el ser humano.