Llama poderosamente la atención el hecho de que aquel pequeño que en el sureste fue objeto de mal trato por parte de un funcionario fue motivo de noticias en todo medio nacional existente. El funcionario, cesado, y al pequeño le dieron o instalaron una papelería.
Hoy pide que se la retiren para poner una tiendita de dulces y refrescos. En el sitio donde vive asegura que no alcanza para mantener el negocio, ya que los ingresos oscilan sobre los 120 o 130 pesos diarios, a lo que hay que quitar gastos y demás. No es rentable en una pequeña comunidad donde sí se expende refresco y frituras, comida considerada chatarra y demás. Eso es lo que mantiene a un sector importante de la población.
En ese sentido, las políticas fiscales no han tenido el tiempo ni el tino necesario para observar qué es lo que requiere la población.
Se habla del impuesto a los refrescos, a la comida chatarra y demás, a lo que nos preguntamos: ¿Qué es, científicamente comprobado, comida chatarra?
En ese sentido, habrá que fincar responsabilidad penal y política a las autoridades del país, porque han permitido que se venda lo que hoy consideran veneno para la salud. ¿Por qué permiten, entonces que se venda?
Es incongruente dar licencia de fabricación de productos y luego tildarlos de malos y además, imponerles un impuesto totalmente absurdo.
Debería, en serio, la autoridad, buscar la forma en que los que no pagan impuestos lo hagan, y con eso tendríamos más que con lo que se pretende hacer en esta acción que no deja de ser un agravio a la clase más necesitada del país y que es la más grande.
Con este tipo de políticas se confirma más la teoría de que nuestros políticos no conocen los caminos de terracería, no saben lo que es vivir en un ejido donde a las 5 o 6 de la tarde no hay nada qué hacer, ni luz en las plazas y demás. No saben lo que es tener que salir en pleno “solazo” a buscar leña para cocinar.
No saben, tampoco, que muchos de estos personajes que viven en la marginación total toman refrescos porque carecen de agua en sus comunidades para beber, o porque no tienen otra opción.
Las papitas, churritos y demás, serán condenados a partir de la fecha y objeto de impuestos injustificados e inaceptables por la sociedad, aunque nos quieran vender la idea de que los que lo determinaron así saben de nuestras necesidades y carencias.
Si realmente lo supieran, no nos insultarían con la forma en que se conducen.
Somos de la idea de que el incremento al impuesto “chatarra” no beneficiará a nadie, no desalentará el consumo de alimentos ricos en carbohidratos: esa no es la idea: el objetivo de la autoridad debería ser orientar, educar, no reprimir, y en lugar de poner impuestos de más, debieran incrementar las políticas de difusión, utilizando los tiempos oficiales en radio y televisión para ello, y dejar de promover figuras políticas personales.
Los tiempos oficiales se crearon no para hablar bien de tal o cual funcionario, sino para que se tuviera acceso a los medios. Debieran aprovecharlos, hacer una convocatoria y concurso para los mensajes que desalienten la mala alimentación y el sedentarismo, y entonces, darle fuerte, pedir la colaboración de la sociedad completa, de los medios masivos, que en lugar de repetir noticias todo el día nos ayuden a concientizar a los que comemos mal y no hacemos actividad física.
Eso es lo que hace falta y no aumento a impuestos que, al baile vamos, pronto tendrán una repercusión que no desea nadie que ama a México y quiere su bienestar.
Hemos de tener mucho cuidado en este aspecto, porque podríamos lamentar el haber tomado una decisión, para nosotros, muy equivocada.
Comentarios: [email protected]
Los otros afectados
(Visited 1 times, 1 visits today)