En una ocasión preguntamos a algunos servidores públicos sobre sus aspiraciones, y algunos nos contestaron que su pasión era servir al pueblo, a sus iguales, a sus conciudadanos. Nada más alejado de la realidad… o la congruencia.
Nadie dijo que quería ser alcalde o gobernador, y mucho menos presidente de la República. En ese sentido, siempre hemos sentido que quienes no tienen aspiración a llegar al número uno son mediocres, conformistas, pusilánimes y burócratas del servicio público, por tanto, no merecen, efectivamente, ser presidentes o alcaldes o algo más.
Quien no aspira a ser el número uno no puede ser un triunfador, y en estas condiciones actuales, lo que México necesita es triunfadores, gente que quiera salir avante y sacar a su pueblo del retraso y crisis en que nos encontramos.
Es como un futbolista que no ingresa al campo con el deseo de ganar: los derrotados no tienen cabida en el progreso, y eso lo tenemos más que claro.
En un convivio reciente, alguien preguntó sobre la sucesión de Egidio Torre Cantú que, aunque faltan aún algunos años, ya se debe pensar, como diría Eduardo Darán, en el sucesor. Vaya la anécdota breve:
En el curso de Insignia de Madera de los Scouts, a un mes de haber sino nombrado como jefe de tropa, me preguntó: “¿sabes quien será tu sucesor?
La respuesta era casi lógica: “¡si acabo de entrar!”
Decía Darán que cuando uno llega tiene que ir preparando a su sucesor para que no se note el cambio cuando se vaya, y que el progreso y planes sigan adelante, sin detenerse.
En este caso, suponemos que el gobernador tiene ya sus prospectos a la sucesión que, si bien es cierto que los eligen las bases de los partidos, tienen mucho que ver sus acciones a favor de los demás.
Y aplica para Ramiro Ramos Salinas, ex presidente del Partido Revolucionario Institucional en la entidad y actual diputado local, presidente de la Junta de coordinación Política, quien está haciendo realmente un trabajo intenso.
No se lo hemos preguntado, pero tenga el lector la certeza de que Ramiro Ramos quiere ser gobernador y no es nada criticable: al contrario, es plausible que tenga aspiraciones de ser el número uno en la entidad que le ha visto crecer.
Sus acciones cotidianas, antes en el PRI y hoy en el seno del Congreso local dejan más que claro que desea hacer un trabajo que se pueda notar por todos sus militantes cuando haya que elegir sucesor del “gober”.
Ha conformado un buen equipo de trabajo y se ha sumado al de Egidio Torre Cantú en las acciones y tareas necesarias, y sigue muy de cerca los acontecimientos que pueden significar un cambio mayor para Tamaulipas.
No perder de vista a este tipo de elementos es necesario, es congruente y es positivo. Alguien podrá pensar en un destape prematuro, pero a fuerza de ser sinceros, todos los miembros del Comité Directivo Estatal del PRI aspiran a llegar, o al menos, los que saben que tienen capacidad y que Tamaulipas pide hombres justamente así, con ambición para servir desde lo más alto de los peldaños.
Ramos es un buen hombre, y quien le conoce puede constatarlo; seguramente tendrá detractores porque en esto de la política siempre hay enemigos que quieren coartar el paso a los visionarios, a los que piensan que el futuro se trabaja desde el presente, dejando a un lado el pasado.
Vemos como ciudadanos, con buenos ojos el contar con políticos de una nueva generación que vienen “empujando” fuerte para ubicarse en donde desean, y desde ese sitio, poder servir a los demás.
Ojalá toda la clase política pensara igual: que los pusilánimes y “chambones” que buscaron solamente un “hueso” en la actual administración se retiren a sus negocios y dejen la política para los que la quieren hacer.
Merecemos políticos de calidad, merecemos gente que quiera hacer bien las cosas. Ramiro Ramos está poniendo la muestra en muchas cosas. Ojalá no se le acabe el entusiasmo y pueda ser el prospecto que muchos queremos.
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