En la cuerda floja, se sienten doce secretarias del Congreso de Tamaulipas, quienes temen que se les ponga a disposición de Recursos Humanos como consecuencia del arribo de nuevo personal afín a los diputados que acaban de estrenar curul, sobre todo aquellos que creen que “un mundo los vigila”.
Datos van y datos vienen y lo cierto es que se filtró que entre las posibles afectadas figura una burócrata veterana que no se la cree, porque ha servido al Gobierno de Tamaulipas y al órgano legislativo toda una vida, por lo que sería injusto que se le deposite como “chancla vieja” en el rincón de alguna oficina gubernamental.
El caso es que de acuerdo con una versión, con la contratación de nuevo personal es inevitable que este número de secretarias sean reubicadas, el problema es que Recursos Humanos del palacio legislativo no sabe dónde, simplemente porque no hay espacios disponibles por la estrechez y la austeridad con la que viene trabajando el gobierno de Tamaulipas.
Se trata de una eficiente secretaria muy conocida por el gremio periodístico, quien desde su estancia en la Secretaria General de Gobierno se distinguió por su amabilidad, por su sencillez y por el trabajo discreto que realizó para su jefe inmediato, el Licenciado Jaime Rodríguez Inurrigarro.
Lo paradójico del caso, es que ahora en el órgano legislativo uno de los diputados que está presionando para que se concrete la reubicación de personal es el hijo de Don Jaime, el diputado del PRI, Ricardo Rodríguez Martínez, quien empuja para que se le abran tres espacios en su oficina para personas de su entera confianza.
Y eso no es extraño, se vale porque figura en los reglamentos internos, pero el problema es que en razón de que no existe espacio donde acomodar al personal desplazado, aunque sea de base, se puede quedar volando como las palomas.
Aunque suene a rima, se vería “gacho”, el muchacho, si no interfiere por esta persona de edad avanzada, porque hasta se comenta que fue ella la que se encargaba de depositarle respetables cantidades de dinero al actual diputado por ordenes de su progenitor para que culminara sus estudios profesionales en el Tecnológico de Monterrey.
Eso, nada de malo tiene, pues Don Jaime sudó la gota gorda para ganarse el pan de cada día y habla bien de su calidad de padre de familia, porque qué mejor que garantizar que su vástago sea hoy un profesionista y un político que busque rascar los cinco picos de las estrellas.
Lo que nada bueno tiene, es que a los trabajadores serviciales se les premia como se hacía en el pasado y se les debe tender la mano al pasar, sobre todo cuando se trata de una burócrata que se gana la vida decentemente y que vive al día.
Y en la misma tesitura, se encuentran otras trabajadoras del órgano colegiado que le sirven a los diputados del PAN, del PRD y del Panal, quienes se sienten desamparadas y bajo la amenaza latente de que pueden ver correr sus últimos años en una oficina de segunda, cuando han demostrado que son personal de primera.
Ingrato, sería, que no se les reubicara en un lugar digno como consecuencia de la altanería y capricho de algunos legisladores, quienes si bien tienen el derecho de hacer movimientos en sus oficinas del Congreso, es también de humanos reconocer la antigüedad, la lealtad y el trabajo que han prestado servidores públicos de ese nivel.
El problema, es, que algunos legisladores están enfermos de paranoia, por eso en cada trabajador ven a un enemigo en potencia, lo cual a todas luces es totalmente exagerado.
Así, tendrán la conciencia.