En días pasados inició en Tamaulipas una cruzada muy importante en favor de las personas con discapacidad, cuyo objetivo principal es dar a cada quien el lugar que merece, y quien tiene alguna situación de esta naturaleza es tan importante como el más encumbrado ciudadano en cualquier ámbito.
Como seres humanos no debemos tener distingo alguno hacia cualquier persona, y el hecho de circular en las calles en alguna camioneta de lujo no nos permite ni nos da el “plus” para “ningunear” a nadie, menos para pasar sobre sus derechos.
Es curioso: algunas camionetas, por lo general, de color blanco, obviamente de lujo, conducidas en su gran mayoría por damas, optan por pretender mayores privilegios que cualquier otro automovilista: no respetan altos ni sitios para estacionarse, se paran en doble o triple fila, escondidas en grandes lentes oscuros, por lo general de marcas orientales, y pretenden que cualquier persona se pare o haga lo que les place para dar satisfacción a sus abusos.
En los centros comerciales existen sitios para discapacitados y nunca son respetados; hemos preguntado a quienes son gerentes y argumentan que no pueden hacer nada al respecto, que es cuestión de educación: tienen razón a medias, porque la formación de la familia de cada uno tiene mucho que ver en este aspecto.
Las autoridades no pueden entrar –argumentan- porque se trata de propiedad privada, y solamente lo hacen bajo demanda, es decir, no lo hacen por sistema como sucede en los Estados Unidos, donde las tiendas de autoservicio son susceptibles de la intervención policial y del control que ello implica, de ahí que nadie haga un uso inadecuado de estos espacios tan importantes.
Las multas son severas, aunado a la pérdida de tiempo y recursos, porque hay que ir a la corte y otras cosas.
Nos hace falta energía y eso lo sabemos.
Es lamentable ver camionetas y vehículos del gobierno estatal y municipal en estos sitios, camionetas y automóviles de lujo y de mediana calidad, y hasta cacharros andantes en estos sitios, lo que nos dice que nadie, absolutamente nadie tiene respeto por este grupo social.
La gente con discapacidad es tan valiosa como todos; no podemos decir que más, pero tampoco que menos, y es justo dar el lugar que merecen.
De ahí que toma importancia la labor del DIF estatal que encabeza Pilar González de Torre, y esta cruzada a favor de nuestros hermanos que tienen algún problema para circular como todos los que aparentemente no lo tenemos.
Dicen algunos que esos que abusan tienen una total discapacidad mental, porque no han aprendido l o que es el respeto a los demás, y menos a un grupo vulnerable.
Disciplina, respeto y ponerse en los zapatos de los demás nos hace falta a millones de mexicanos, y esa deberá ser la cruzada que se inicia: que nos hagan respetar, que nos hagan sentir lo que los demás, y que tengamos la capacidad para entender sus limitaciones. Apoyarlos, encausar a nuestros hijos a una cultura de respeto que urge en todos los niveles.
No únicamente para ellos, sino para cada uno de los casi 3.5 millones de tamaulipecos que vivimos en la entidad.
Aplaudimos este tipo de acciones y somos de la idea de que hay que fortalecerlas, ensalzarlas y propiciar que haya una ley que castigue severamente a esos inconscientes que no respetan.
Multas mucho muy fuertes hacen falta; castigos de otra índole como el detener vehículos por varias horas o días, a ver si así aprendemos.
Nos pronunciamos por un absoluto respeto a los grupos de personas con discapacidad, y porque el gobierno nos ayude a que se hagan respetar, en las calles, banqueta sy centros de autoservicio, por mencionar algunas partes únicamente.
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