Cierto, se han convertido en una maravillosa herramienta de comunicación y transmisión de información y conocimientos: las redes sociales, los nuevos “medios emergentes” están ahí, al alcance de todos nosotros, y no hemos de hacer más que configurar el equipo en el que los emplearemos –computadora, Smartphone, tablets u otros- y listo: a navegar y darnos a conocer de muchas maneras.
Los medios emergentes, dicen los expertos, son los que están llamados a sustituir de una manera significativa a los actuales medios masivos de comunicación, más, cuando se puede tener una retroalimentación adecuada: podemos enviar un mensaje o publicar cualquier cosa y tener la respuesta u opinión de miles de personas, muchos, “amigos” que hemos dado de alta en el sistema correspondiente, y que probablemente no conozcamos siquiera su forma de sonreír.
Las redes tienen, como todas las manifestaciones comunicativas, sus pros y sus contras, es decir, se emplean para bien y para desinformar, para crear rumores como el reciente que tuvo relación con nuestra Feria Estatal. Nada hay más difícil que encontrar credibilidad en los mensajes, aunque para ello se hace necesario verificar la fuente de origen de tal o cual información.
El tema de las redes sociales se ha abordado en los últimos congresos mundiales de comunicación como el fenómeno que implica el estar conectados todo el tiempo, pero a la vez se ha visto como una peligrosa arma: las dependencias de tránsito, no de Victoria sino de todo el país –y nos atrevemos a pensar que en varios más- reportan que un sinnúmero de accidentes se propician por la falta de atención de los conductores que, ilusos, ingenuos e irresponsables, manejan con una mano en el volante y otra en el dispositivo, con un ojo en la pantalla y el otro, a medias, en la calle.
¿Es necesario regularlos?
Cómo se puede regular algo que está al alcance de todo mundo y en forma casi gratuita; hay personas, jóvenes en su mayoría, que no tienen a veces para irse a divertir, para comprar un libro, pero gozan de un buen aparato de comunicación, por lo general, Smartphone, con redes sociales incluidas, y que, curiosamente, hacen maravillas con nosotros… menos socializar.
Estadísticas de estudios que se llevan a cabo nos muestran con preocupación que habemos personas que contamos con cientos –o miles- de amigos en la red social pero somos un poco anacoretas, ermitaños, solitarios que presumimos con nuestros virtuales amigos de algo que no tenemos o no somos.
Hay mucha desinformación y peligro, y los padres de familia, en el caso de los chicos de edad preescolar, primaria y secundaria, tenemos una gran responsabilidad al permitir que hagan estas cosas sin atenerse a las consecuencias.
Debemos manejar los datos de forma adecuada, discreta, no presumir lo que no tenemos o somos, y sobre todo, verificar, verificar la información que nos llega y que muchas veces es publicidad disfrazada o rumores de gente que no tiene más qué hacer que jorobar al de al lado.
Son un peligro si no se emplean adecuadamente, y lo sabemos todos: gastamos en ocasiones dinero que puede bien servirnos para cosas más necesarias con tal de estar conectados al “Face”, como cariñosamente se le llama a la red Facebook, creada con objetivos distintos a los que hoy sostiene.
Delitos cibernéticos se gestan en las redes llamadas sociales, pero lo que nos parece más delicado es el hecho de abandonar a nuestros hijos porque cada quien está en su “aparatito” comunicándose con no sabemos quién.
Hay casos documentados de gente que se cita para tomar una taza de café, y al preguntársele que a cual iremos, contestan: nos vemos en Skipe, o en Face, y ahí platicamos.
A ese grado hemos llegado.
Suponemos que aún estamos a tiempo de reaccionar y no dejar que nos capturen las redes de un recurso cibernético que, útil y beneficioso, puede convertirse en una peligrosa arma mortal.