Nuevo Laredo, Tamaulipas.-José Pacheco, un hondureño de 48 años de edad, salió de su país hace cuatro meses, pero en ese tiempo ha vivido los horrores de un descarrilamiento del tren carguero la ‘Bestia’, en Tabasco, asaltos a mano armada y un secuestro en esta frontera, pero aun así tiene la firme idea de cruzar el río Bravo para trabajar en Miami, Florida.
Acurrucado y casi muerto de frío, José lleva dos noches y tres días en el refugio temporal que el ayuntamiento dispuso para las personas que como él, no tienen lugar donde vivir en esta ciudad, por lo que al lado de otras 90 personas, pretende que su sueño no se desvanezca en las gélidas aguas del Bravo.
La historia es casi la misma que sus compatriotas. Salió de Honduras porque la pobreza es mucha y no hay trabajo para casi nadie, por lo que dejó cuatro hijos y a su esposa, mientras hace realidad su sueño.
Narra que en su país le mataron un hijo, pero no quiso decir más, aunque acepta que fue la delincuencia la que le dejó esa marca.
“Yo he vivido muchos problemas en el camino, desde asaltos y secuestros. Ha sido un trayecto muy difícil para mí, pero a pesar de ello deseo seguir mi camino hasta Florida, en donde pienso trabajar”, expresa con tono duro.
El éxodo
Salió de Honduras del 3 de agosto de este año, y todo fue normal, hasta que llegó a la frontera con México, que fue cuando inició su calvario.
Dice que caminó durante varios días desde la frontera de Talismán, en Chiapas, hasta llegar a Tenosique, Tabasco, en donde al igual que cientos de centroamericanos, abordó el tren carguero, mejor conocido como ‘La Bestia’.
“Desde que llegué a Tenosique comenzaron los delincuentes a amenazarnos con sus armas, para quitarnos del dinero…es gente de la calle que nos amenaza con sus armas… ¿y qué podemos hacer?”, cuestiona.
Recuerda que en esas fechas, 25 de agosto, iba arriba del tren cuando en la madrugada descarrilló en un lugar conocido como Huimanguillo, en Tabasco, en donde murieron muchos migrantes aplastados por la mole de hierro.
“Allí murieron más de 48 personas. Yo los vi porque iba el tren, y de puro milagro me salvé porque estaba adentro de los vagones, y desde entonces he quedado como traumado, y no quiero ya saber nada de ello, ni platicarlo, expresa.
Luego del accidente, dice que el Instituto Nacional de Migración (INM) le cedió a él y otros migrantes extranjeros, salvoconductos para poder llegar hasta Veracruz, en donde dice, la gente al saber de la tragedia, les apoyó con alimento, ropa y alojamiento en algunos lugares públicos.
Luego de unos días llegó a Córdoba, en donde recibió de sus familiares en Honduras, dinero para poder viajar hasta la ciudad de México, por lo que el viaje hasta Monterrey lo hizo en autobús, aunque en esa ciudad, al quedarse sin dinero, abordó de nueva cuenta el tren que lo trasladó hasta esta frontera.
El secuestro
Con temor encima al saber lo que le habían contado que ocurría en Nuevo Laredo, José narra que todo iba bien, hasta que el tren se detuvo una noche cerca de la Estación Sánchez, 20 kilómetros antes de llegar al área urbana, en donde recuerda que repentinamente un camioneta blanca le salió al paso al grupo con el que viajaba.
La mujer, joven y bien vestida, bajó de la camioneta seguida de un hombre, y a corta distancia había otras camionetas en cuyo interior había hombres armados que rodearon al grupo, por lo que José se trepó en la parte trasera del vehículo, y en un descuido se aventó al exterior y corrió hasta que se cansó.
“Eran una mujer y un hombre que nos dijeron que nos iban a llevar a bañar y que nos darían comida. Yo no quería ir, pero mis otros compas se montaron en la troca…éramos cinco, pero en un semáforo me les tiré, porque vi que estaba armados”, comenta.
Luego del incidente, vagó durante varias horas hasta que alguien le dijo dónde estaba la Casa del Migrante, el 20 de octubre. Desde entonces trabaja ocasionalmente, y junto con el poco dinero que le manda su familia, logró acumular 200 dólares, dinero que hace unos días le robaron unos asaltantes que lo despojaron de sus pertenencias.
“Vendo periódico… recojo chatarra…y trato de juntar dinero para poder cruzar a Estados Unidos…eso es lo que pienso…Pero aquí toda la gente nos engaña (a los extranjeros), no hay personas que nos apoyen, y hace un rato me salió una persona y me quitó el dinero que traía. Y me dejó en un parque”, explica con frustración.
José es carpintero y albañil, además de trabajar los pisos de madera para casas lujosas, por lo que piensa que de lograr cruzar la frontera, no tendrá problemas para salir adelante en Estados Unidos.


