Permítanos el lector hacer un alto en los comentarios que nutren la vida política y los cafés de todas partes, para abordar un tema meramente personal, mucho muy especial, que ha significado muchos momentos de felicidad.
Fue precisamente un 26 de noviembre cuando inició el cambio de vida que permitió que el Supremo Creador pusiera para su cuidado a tres excelentes personas, que hoy, uno convertido en hombre, y las dos chicas, en jovencitas talentosas, iluminan los minutos de vida del columnista.
Y fue un 26 de noviembre que la vida nos regaló un maravilloso tesoro, un brillante inmerecido: lleno de ternura y amor, cariñoso y con todo cúmulo de virtudes que un padre podría presumir y ufanarse de tener en su seno.
Hace trece años nació Dafne, la más pequeña de los herederos, con la que también nos une algo muy especial.
Hemos sido a veces criticados porque hay quien cree que hay un hijo o hija consentido: falso: hay tres maravillosas personas, y cada uno tiene su valor especial y único. Cada quien vale lo que vale por méritos propios.
Dafne nació contenta como pocos niños; asomaban los días de lo que presagiaba ser un crudo y frío invierno, cuando asomó por vez primera sus pequeños ojos y manitas en la sala del Hospital General de nuestra capital: con ella, sumaban tres los grandes tesoros que nos llegaron, igual que las estrellas del cinturón de Orión o los Reyes Magos, igual que la Trinidad o que la trilogía, o el triángulo perfecto que, con su compañero, conforman la hermosa y milagrosa Estrella de David.
Dafne llega en momentos en que el corazón tiene su prueba más grande y su muestra de amor inconmensurable que mucho nos entregó hasta esos días. Dafne, la pequeña, ha llenado con sus hermanos esos días de tristeza y de afectaciones propiciadas por diversos factores.
No podríamos decir que ha sido una vida ejemplar la que le hemos entregado, pero sí estamos ciertos de que ha sido con el corazón y todo el amor que puede ser capaz alguna persona de conformar en un cuerpo y una mente: Dafne es la pequeña de la familia, la que con sus manitas sabe decir “te amo” de la mejor manera, y con sus destellos sabe distinguirse como una personita que entiende que cuando uno se basta por sí mismo tiene muy interesantes resultados.
Dafne nació para el amor y en el amor, de ahí que sea tan querida por sus padres, hermanos y mucha gente que le rodea; su capacidad de servicio a los demás le distingue de muchas chicas de su edad.
Hoy, a trece años de distancia, celebra no de la manera que quisiera: la distancia nos hace tener la morriña –nostalgia- propia de los seres que se aman y no están juntos, sin embargo, como dijo Rae en el libro “Ningún Lugar Está Lejos”: Si piensas en Rae y esta lejos, ¿no crees que ya estás con ella?
Así es en este día, como sucede en nuestros corazones y en nuestra mente: muy distantes físicamente pero unidos totalmente con el corazón, Dafne nos recuerda aquellas musas que a través del arte –en su caso, al danza- nos deleitan con sus rítmicos movimientos y su amorosa sonrisa, porque emana sentimientos muy especiales que captamos quienes le queremos.
Dirá el lector que no había necesidad de hablar de la pequeña, pero hay otro motivo especial para hacerlo: esa terrible distancia que evita que hoy estemos abrazados como cada año, y que se le puedan prodigar los besos y abrazos que cosecha por toda la vida con toda la gente que le rodea.
Hoy, cantaremos las mañanitas a distancia, pero con el corazón unido, porque Dafne celebra su decimo tercer aniversario de vida, y seguramente, una sonrisa de ella iluminará el rostro de muchos, cuando donde nos encontramos, seguramente echaremos de menos el “sí, papito” que con su ronca voz nos regala para cambiar el ceño adusto por una amorosa y franca sonrisa.
Felicidades, Dafne, 13 calendarios, y los que faltan por vivir en un mundo de amor y sinceridad. Papá.
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