Cambios radicales

Tiempos de fin de año son tiempos de reflexión para casi todo mundo, instituciones y personas, agrupaciones, grupos de todo tipo: hay tiempo para hacer un balance de lo que se ha vivido en el ya casi difunto 2013, año que ha dejado muchas experiencias de toda índole: buenas, regulares, malas, excelentes y pésimas, pero de todas se saca experiencia y se debe aprovechar para subsanar lo que resultó poco favorable, o para reafirmar lo que ha tenido éxito.
Las instituciones esperan una serie de cambios, pero las personas también.
En el caso de los seres humanos, es el tiempo en que podemos darnos el momento de reflexión y hacer un análisis y balance de lo vivido, de las personas de quienes nos hemos rodeado y todas esas cosas.
Hacer a un lado las relaciones poco favorables por muy buenas que nos hayan parecido, aunque para ello se requiere de un gran carácter, de una fortaleza que nos pueda ayudar a sacar adelante la existencia propia y a seguir el camino en busca de la felicidad.
Es tiempo de cambio, pues, y urgente.
Muchas veces los seres humanos caemos en grandes errores a través de espejismos que se presentan en forma de mujer –hombre, en otros casos- y que lejos de ayudar nos perjudican, nos dañan… nos lastiman con heridas que probablemente sean muy profundas, pero que tenemos que aprender a vivir y lograr una adecuada cicatrización emocional, sentimental y personal, para que nos haga el menor daño posible.
Tiempo es, pues, de cambiar el rumbo a uno que nos lleve a puerto seguro y donde haya felicidad, tranquilidad, honestidad y sinceridad, fuerza y valor, apoyo y rectitud, valor que se ha perdido en los últimos años y que muchos añoramos aún.
La premisa en la vida debe ser la honestidad, claridad en los pensamientos y el ser congruente con lo que se pide y lo que se entrega: no podemos pedir fidelidad cuando no lo somos; no podemos pedir honestidad cuando marchamos por la vida ensuciando nuestra reputación, o no podemos pedir ser claros cuando somos un embrollo de problemas y cosas que no tienen pies ni cabeza.
No podemos, sinceramente, ser de una forma y con los seres que nos aman ser de otra: o somos de tal o de cual, pero siempre igual.
No podemos seguir navegando en vientos que no sabemos a qué océano nos llevarán, o a qué puerto se dirigirán. El destino lo tenemos que construir en base a realidades basadas en la claridad y la honestidad, no en mentiras o fraudulentas acciones que dañan al corazón y el alma, producto de actitudes poco aconsejables.
Es el tiempo de buscar nuevos derroteros, nuevas personas, nuevas expectativas… nuevos amores que nos motiven realmente a ser mejores cada día, o a fortalecer los ya existentes, a ser mejores en todos sentidos.
La condición humana nos traiciona muchas veces, aunque hay quienes de plano, traicionan su condición de seres humanos y son peores cada vez que se atreven a susurrar al oído un “te amo” o un “te necesito”, un “vamos juntos” o una frase que pretenda motivar.
Estamos en tiempo, buen tiempo para fortalecer nuestros sentimientos y pensamientos, para luchar por nuevos derroteros, para encontrar una nueva forma de ser felices, arraigada y fundamentada en la que hemos vivido.
Es hora, pues, de dejar a un lado la sábana que cubrió los ojos durante mucho tiempo, y encontrar la luz del horizonte para alcanzar el éxito y la felicidad.
Es la hora de la verdad para cada uno de nosotros.
El exhorto es para buscar sin tregua, encontrar y mantener los ideales y sobre todo, hacer de ese término –felicidad- el objetivo principal de nuestra existencia.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

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