Gracias: 56 vueltas

No podemos criticar a nadie por ser como es: habrá que aceptarlo de la forma que sean y si no estamos de acuerdo con su forma de ser, sencillamente busquemos otro camino. Es una premisa prioritaria para una buena convivencia, familiar, de amistad, sentimental o como sea, inclusive, religiosa.
En casa aprendimos muchas cosas, como cualquier persona, pero entre ellas, aprendimos a ser congruentes con nuestra forma de vida, y a celebrar los grandes momentos, si no con importantes manjares o algo por el estilo, sí con los verdaderos amigos, aunque siempre fueron convivencias con muy pocas personas.
No aceptamos a los “cuates” en esas fechas: las reservamos para quien ha tenido el privilegio de ser nombrado amigo con toda la extensión de la palabra.
Y en ese tenor, cuando llegan los aniversarios, siempre hicimos algo, por pequeño que fuera, para recordar la fecha.
Recordamos aquellas taquizas en Los Álamos, con gente muy importante para nosotros y el periodismo nacional, o para la política, o simplemente, para nosotros mismos. Eran las fiestas de los amigos. Llegamos a hacer cenas con 3 o 4 personas, pero el lector debe de creer: bastante agradable la convivencia.
Los aniversarios son especiales, dijimos, porque suponen un buen pretexto para culminar un ciclo de vida y comenzar el siguiente. 21 de diciembre significa para nosotros el inicio de una nueva etapa en las existencia, y el motivo para evaluar lo ya realizado durante el último año de vida.
Cierto es que hemos encontrado motivos poco agradables en los doce meses vividos últimamente, pero no podemos afirmar que hayan sido nefastos: todo lo contrario. Han tenido más motivos buenos qué agradecer y nos han permitido conocer a gente que tiene muchos valores dentro de sí.
Hemos aprendido, a estas alturas, a no quedarnos callados en las cosas que la vida nos pone y que hay que enmendar, que tenemos que enderezar a como dé lugar.
Hemos aprendido a valorar a esa o esas personas que se entregan totalmente a nosotros, por amistad o por amor, pero que han sido capaces de comprender la forma en que actuamos y vivimos, y se han adaptado a ella, sin más requisito que una buena y limpia relación, de amistad, de amor, laboral o como sea.
Hemos aprendido muchas cosas.
Cincuenta y seis calendarios no son cosa de todos los días, y hemos de disfrutar la fecha con quienes se interesan en ella y en nosotros por consecuencia.
Hemos aprendido hoy, que la vida es una y se tiene que vivir de la mejor manera: más intensa, más especial, más apasionada, porque es probable que un día de éstos dejemos de ocupar el espacio actual, y habrá que rendir cuentas, siendo que llegar y decir: no viví mucho será un desperdicio a la existen ia misma, y a la oportunidad que nos ha dado EL para vivir.
Y por supuesto, hemos de agradecer tan especial momento a quienes han tenido que ver en que hayamos llegado, desde Iola, la mujer emblema que nos llevó por los primeros años y aventuras, hasta quienes han ocupado lugares en nuestra existencia de todas formas.
Hemos de agradecer mucho, pero mucho, la oportunidad de poder estar vivos, de sabernos afortunados por tener lo que tenemos en los aspectos espirituales, porque materiales… no, para nada.
Pero el tesoro, la riqueza espiritual, el amor de los nuestros y la siempre necesaria compañía de quien ha decidido compartirse con nosotros, en el trabajo, en la casa, en la escuela o en la misma sociedad, no tiene valor alguno si no somos agradecidos.
Gracias a la vida, porque hemos llegado a un período más. Gracias, de todo corazón.