El nuevo año significa el inicio de nuevos proyectos, metas, gente, relaciones y demás. Para muchos, es solo un día más, pero para otros, un poco más románticos, es el hecho de poder comenzar a escribir nuestra nueva historia.
El pasar la “noche vieja” con la familia, con los amigos y seres queridos significó muchos recuerdos y remembranzas especiales: los amigos de hace décadas que volvieron a nuestros corazones, los hermanos y demás miembros de la familia también tuvieron algo muy importante que ver en esa mágica noche, previa al inicio de 2014, que viene, sin ser pesimistas, con poco agradables augurios en materia económica que tendremos que enfrentar, nos guste o no.
Pero lo mejor de todo es el hechode volver la vista atrás y ver esos caminos que nos resultaron agradables en su momento aunque nos significaron tropiezos; volver a vivir las cosas de una mejor manera, es decir, con mejor experiencia, tal y cono merece cada uno de los que estamos llamados a encontrar la felicidad en cualquiera de sus formas.
Como seres humanos nos equivocamos en la decisión de quien nos acompañe en la vida, en la forma en que enfrentamos la existencia misma, en los planes profesionales, personales, sentimentales o laborales, pero todos tenemos el sagrado derecho de enmendar el camino y tratar de ser felices con lo que tenemos enfrente, lo que viene detrás de cada tropiezo o escollo que la vida nos ofrece no de tan buena manera.
Es tiempo pues, después de la fiesta, la desvelada y desmañanada, del viaje de retorno y muchas otras cosas, de comenzar a construir la parte de futuro que aún no existe y será la historia de nosotros en el 2014 que recién inicia. Hoy, más que nunca, estamos dispuestos a ser felices a costa de lo que sea: dejar lo que nos hace daño y se empeña por hacerlo, para convertir esas manifestaciones incongruentes en oportunidades de crecimiento, de encuentro con la felicidad que creímos perdida en alguna ocasión.
Hoy es el momento de ser felices, a partir de un día inicial de un año nuevo y de experiencias prometedoras, aunque nadie ha dicho que sean fáciles de enfrentar. Hoy es el inicio del resto de nuestra vida.
El día se presta a la reflexión, dirían algunos, pero más importante será el no supeditarnos a pensar en lo que debemos hacer, sino poner manos a la obra.
Decía aquella poesía hermosa que “ser felices debe ser nuestra meta y luchar contra quienes se opongan”. Nada más cierto que lo anterior, porque hay que buscar los alicientes para llegar a la meta, al camino que queremos sea la parte de felicidad que nos toca vivir y que no hemos experimentado aún.
Proyectos, planes, bendiciones… todo eso viene con el año nuevo y cuenta para cada uno de los que nos rodean, o los que quieren hacerlo. No podemos obligar a nadie a ser leal y honesto, a ser franco y justo, pero sí podemos serlo nosotros. No se vale traicionar ni nuestros principios ni nuestra esencia humana o divina, como se le quiera ver.
La bendición de vivir las nuevas experiencias es única: el chiste es hacerlo con una profunda y gran dosis de éxito y esperanza, de tratar de encontrar lo que queremos y lo que tenemos por delante para vivir a gusto, contentos y felices.
Suena hueco, vacío, utópico, pero todos tenemos derecho a ser felices, pero para eso, hay que trabajar muy fuerte.
Es el tiempo de construir lo que queremos para nosotros. Hoy es un “·ahora o nunca”, es la oportunidad que tenemos de mejorar en cualquier aspecto de nuestra vida, porque así debe de ser.
Así lo pide el que nos ilumina a diario: nos ha puesto en un mundo tan especial para que aprovechemos lo que hay para cada uno de nosotros.
El recuerdo a esos que quisieron ser felices con nosotros y tomaron otros caminos equivocados, o para aquellos que, con la esperanza de buscar algo mejor de lo que tenían, y traicionaron lo que fue probablemente lo más sagrado.
Es el tiempo de reconstruir la existencia, de ser felices, pues.
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