Son bien conocidas las dificultades que se encuentran los niños y jóvenes para integrarse en la escuela ya que el aula se ha definido como una micro sociedad donde confluyen todos los problemas que agobian a las comunidades como el desempleo, la desnutrición, la desintegración familiar y todos aquellos que impiden el desarrollo biológico, psicológico, económico, político y cultural.
Para quienes comienzan sus estudios en México, los retoman en los Estados Unidos y luego tienen que regresar a la patria (por distintas razones), el trabajo escolar es doble ya que al inicio tuvieron que enfrentarse al ambiente, muchas veces hostil, de las escuelas mexicanas, luego viajaron al norte del continente, volvieron a comenzar, pero con dificultades para comunicarse pues empezaban a mejorar su primera lengua (el español) cuando tuvieron que aprender una nueva y muy diferente (el inglés).
Quienes deciden optar por la búsqueda del “sueño americano” (“pesadilla gabacha”, le llaman ahora algunos de los repatriados) son personas que pertenecen a familias de muy escasos recursos, es decir, que carecen de vivienda, de empleo, de estudios y son fáciles de convencer por las charlas de familiares y amigos que regresan del “otro lado” con algún progreso material que se refleja en mejor ropa o un vehículo usado pero vistoso.
“No se trata de preguntarnos si podremos vivir juntos, sino de comprender la manera en que dicha convivencia (que siempre ha existido) se ha transformado y, sobre todo, cómo hacer para que sea posible dar un paso tan difícil como necesario y urgente…”la aceptación de que los otros siempre han estado ahí, pero que la relación con esa otredad se construyó con base en la negación y la exclusión…”los viajes ilustran, es verdad, la convivencia cotidiana con los otros da una dimensión distinta a la percepción de la interculturalidad”. (Xavier Rodríguez Ledesma, 2008).
Tal es el caso de nuestro entrevistado, cuya familia se fue del centro de Tamaulipas al norte de Texas a donde llegaron a casa de unos familiares que les ofrecieron hospitalidad mientras se acomodaban a su nuevo lugar de residencia con la certeza de que su condición no les impedía ocuparse, pues para los mexicanos el trabajo es sagrado y su búsqueda lo justifica casi todo.
Un caso ilustrativo de las dificultades que enfrentan los niños que son llevados al extranjero lo representa Even Tanguma (así le llamaremos) quien actualmente estudia en la Universidad Autónoma de Tamaulipas y fue llevado a Texas cuando tenía cuatro años y medio de edad.
Vivió en los Estados Unidos casi hasta los 19 años, en todo ese tiempo convivió con los familiares que le acogieron junto a su familia, hizo amigos en la primaria, secundaria y preparatoria aunque, en principio, la mayoría de sus compañeros de burlaban por su forma de pronunciar su incipiente inglés y durante ese proceso olvidó buena parte del español ya que sólo lo practicaba parcialmente en el hogar.
“En el aspecto de la escuela, bueno eso si fue muy difícil porque llegué y llegué como cualquier persona nomás se llenan los formatos y te meten a la escuela, el problema fue que entré el primer día a la escuela y no entendía a nadie pues estaba sentado ahí y escuchaba voces y todo pero no les entendía y si me hacían señas pero al igual no, no les entendía nada, nomás me explicaron por un primo que lo pusieron conmigo porque él hablaba español y él me explico que, que una media hora o una hora antes del, creo que se dice ¿recreo?”
El protagonista de este caso expresa que no tiene malos recuerdos de su estancia en el norte de Texas, al contrario, pues cuando dice que se burlaban por su forma de hablar el inglés, afirma que los comentarios jocosos eran generalizados pues tenía compañeros descendientes de mexicanos (la mayoría) pero también había blancos, afroamericanos y asiáticos; reconoce que en la comunidad donde residió se vive un ambiente multicultural.
“En Estados Unidos la enseñanza ha servido como pretexto para homogeneizar el idioma (inglés), asegurando que los grupos más grandes de inmigrantes asimilen comportamiento, valores y las costumbres en una sociedad crisol de razas; en 1916 un experto norteamericano afirmaba: ha llegado el momento en que la diversidad cultural se defina como crisis nacional”. (Torres, 2001).
Even Tanguma expresa que se integró a todas las actividades escolares, incluyendo el aspecto cultural como el Día de San Valentín, el Día de San Patricio, el Día de Dar Gracias, Navidad y otras que se desarrollaban en la escuela o en la comunidad; cuenta que las danzas se aplicaban más bien en el campo de la educación física.
“Las identidades se construyen en un proceso de lucha y están sujetas a múltiples interpretaciones; la identidad es un viaje de conocimiento, aprendizaje y reconocimiento; las identidades son construcciones sociales con bases materiales e históricas; existen, para estar seguros, visiones de identidad nacional; sería ingenuo creer que la identidad es sólo una narración evolutiva; hay mucho más que retórica pues es una argumentación o “texto” social construido por y a través de diferentes conjuntos de experiencias y conocimientos”. (Torres, 2001)
Acerca de la alimentación en la escuela (Even) recuerda el consumo de pollo en muchas presentaciones, hamburguesas y toda clase de comida norteamericana, aunque con frecuencia les daban alimentos muy parecidos a los mexicanos como consideración el número de hispanos parlantes.
“Si, a veces daban tacos, digamos dizque en fajitas, no sé… y pues en la casa como mis papás son mexicanos pues siempre eran platos como frijoles, arroz y carne no se o frijoles con queso o así y también mi amá mezclaba, trataba de hacer comida digamos que americana porque también hacia que pizza y que también sus hamburguesas y lo mezclaba todo”.
Contrario a lo que les pasa a muchas personas que salen de México en la adolescencia o ya como jóvenes maduros, el entrevistado recuerda haber tenido en Texas una infancia feliz pues vivía con sus padres, tenía amigos latinoamericanos, comía bien, jugaba y aprendía en la escuela durante la primaria y los grados equivalentes a la secundaria; fue en la preparatoria cuando comenzaron las peleas.
“A nosotros la prepa son cuatro años (SIC), el primer año obviamente como los que ya van a salir los que estaban mas arriba los grados mas arriba de nosotros si se peleaban porque ellos eran como mas desordenados más tomaban más que nuestras clases (SIC) o quien sabe a la mejor seria porque apenas estábamos entrando a la prepa pero con ellos si había mas violencia si se veían las peleas en las cafeterías o afuera en el estacionamiento de la escuela se veía como fuimos subiendo nosotros se tranquilizó no se porque pero no había tanto si había como una o unas tres veces al año pero con los otros alumnos antes de nosotros si era mas frecuente”.
Correo: [email protected]