Realmente es necesario que los seres humanos aprendamos a trabajar en equipo: no es posible llegar a alcanzar elevadas metas o ideales supremos si pensamos que el mundo es de nosotros como ente individual, si como personas no valoramos lo que hacen los demás.
Este defecto lo cometen muchos servidores públicos, quienes aún creen que están en donde se encuentran debido a sus insuperables capacidades: recordemos que algunos de estos personajes son los que dirigen o están en cierto cargo porque disfrutan de la amistad de quien decide quién ocupará qué cargo.
Pero trabajar en equipo es una virtud que no todos poseemos:; pensamos muchas veces que somos algo así como la última soda del desierto o que sin nosotros el mundo caerá. Nada más falso que lo anterior.
Como anécdota personal, sufrimos la incapacidad de aprender a hacer equipo cuando renunciamos al trabajo pensando que la empresa se iría a pique sin nosotros, dada la capacidad demostrada por algunos años: resulta que al irnos, contrataron a dos o tres personas, pero el trabajo salió avante.
Nos demostraron que no somos imprescindibles.
El fútbol es un juego de equipo y si alguien no hace lo que debe, tira por la borda el esfuerzo de todos. Igual, en las oficinas, si el jefe no hace equipo con sus subordinados, es casi seguro que las cuentas al que manda sean “mochas”, incompletas, que no sirvan de mucho que digamos.
En las escuelas, unidades y facultades también se privilegia el trabajo en equipo; en alguna parte de la historia de la Universidad Autónoma de Tamaulipas los equipos fueron fundamentales, aunque sus dirigentes pensaron que eran eternos y sufrieron ese mareo típico en personas carentes de capacidad y visión de líder verdadero.
Surgieron los pseudo-líderes que acabaron con muchas cosas en nuestra Alma Mater.
Hoy en día, se ha formado un buen equipo en casi todos los rincones de la UAT: hay quien piensa que uniendo las manos se puede aligerar la carga, y haciendo equipo con los de arriba y abajo se puede también llegar a feliz término. Nada más acertado que lo anterior: el trabajo en equipo es una de las grandes capacidades que tenemos y debemos explotar para bien.
En ese sentido, los gobernadores, alcaldes y el mismo presidente de la República tienen su equipo de trabajo que les rinde buenos frutos. Cierto, a veces hay quien se empeña en perjudicar el trabajo de los demás o en obstaculizar la imagen que se tiene de cierto personaje, pero aún así, se dará cuenta, tarde o temprano, que el trabajo en unión de otros resulta además de más exitoso, mucho más agradable.
La investigación que se promueve dentro de la UAT tiene forma de grupo, de equipo, y para ello, el doctor José Luis Pariente Fragoso ha conformado lo que se vislumbra con un excelente equipo de trabajo. Ha unido a su grupo a la doctora María del Carmen Gómez De la Fuente y a la doctora Frida Caballero en áreas sustantivas, fundamentales, que seguramente nos darán muchos motivos para escribir lo que se hace en materia de investigación y posgrado.
No tenemos la menor duda de que así será, conociendo la capacidad y experiencia de Pariente Fragoso; cuando fue director del Centro Cultural Tamaulipas se vivieron tiempos memorables donde todo funcionaba con maquinaria de reloj: cada engrane hacía la función que le correspondía, y el CCT funcionaba a la perfección en todos sentidos.
Se demostró la enorme calidad del individuo, el funcionario… el hombre.
Ahora, como encargado del área de Investigación y posgrado, seguramente dará muchas satisfacciones, en primera instancia, al rector Enrique Etienne Pérez Del Río, y en segunda instancia, no menos importante, a la comunidad universitaria, a la sociedad y a quien ha confiado en que la UAT debe tomar el papel protagónico que corresponde en los tiempos que nos toca vivir.
No esperamos verlo nosotros, porque no somos jueves: como simples ciudadanos, como universitarios, confiamos en José Luis y su equipo, sin lugar a dudas.
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