En muchas partes del país se llevan a cabo; Tamaulipas no ha llevado a cabo estas acciones, pero la verificación vehicular es saludable por donde quiera que se le vea.
Se pretende, cuando se hacen bien las cosas, que haya orden y transparencia en el transporte urbano. De todos es sabido que hay unidades de toda índole, que van desde las nuevas hasta esos ataúdes rodantes que vemos en prácticamente todas las rutas, con un salvaje que las maneja o conduce y que tiene el mínimo respeto por su persona y la vida de los demás.
Les vemos violando la ley en cuanto a límite de velocidad y orden legal: no entendemos, sinceramente, cómo se tienen paradas al inicio de una cuadra, siendo que entorpecen el tráfico de la calle en la que circulan y la que cruza. Es una de las más grandes aberraciones viales, y en nuestra capital es lo más común.
Pero no para ahí todo.
Independientemente de que entran en cartera vencida con quienes confiaron en que podrían ser sujetos de crédito y amortizar la fuente de trabajo, son un verdadero peligro al circular, ya que lo hacen a velocidad inmoderada en prácticamente un 90 por ciento de las ocasiones.
Cuando el reloj les es adverso, van matándose y arriesgando la vida de los pasajeros; cuando tienen tiempo de sobra, entorpecen porque van a vuelta de rueda, sin importarles los demás: no respetan ni a su propia persona, como dijimos antes.
Los peseros, así son conocidos, y son un grupo de trabajadores que, tienen bajo su cuidado el transportar a miles de tamaulipecos al día, pero lo hacen en unidades que nada tienen que ver con un transporte digno.
Llenas de mugre, con asientos rotos, carrocerías en estado profundamente lamentable, llantas que no sirven y el radio –que no puede faltar- a todo volumen, sin importar que perjudiquen a los demás.
Se sienten dueños de las calles, y no conformes con ello, nunca atiendan las recomendaciones de los fabricantes de vehículos: difícilmente les dan servicio y son verdaderas cajas contaminantes, al emitir gases en demasía que se pueden ver a lo lejos como si fueran camionetas para fumigar.
Eso es lo que vivimos a diario, y hay la idea de que se les trate de meter en orden al menos en aspectos mecánicos y de medio ambiente, lo que, a fuerza de ser sinceros, se nos antoja punto menos que imposible, dada la forma en que se conducen.
La autoridad pretende que haya verificación vehicular en el transporte público, aunque somos de la idea de que debe existir en el total de las unidades de fuerza motriz que circulan en la ciudad.
La contaminación nos afecta a todos, y resulta verdaderamente indignante ver vehículos que circulan con una cortina de humo blanco detrás de ellos. Nos perjudican a todos, nos afectan, nos roban el aire puro que queda en el planeta.
Se torna urgente y necesario un programa de verificación vehicular que vigile el mínimo que deben cumplir los vehículos.
Hay una idea al respecto, solamente esperamos que se lleve a la práctica sin influyentismo ni amiguismos de por medio: que se aplique por igual a todos, incluyendo vehículos oficiales.
Finalmente, el respeto al medio ambiente es responsabilidad de cada miembro del planeta, o al menos así lo visualizamos nosotros.
Heberto Cavazos, titular de medio ambiente ha puesto la voz en la agenda cotidiana y pide que se proceda a realizar esta verificación vehicular. Totalmente de acuerdo con él, y entendemos que es una buena medida para comenzar a colaborar realmente con la preservación del ambiente.
No podemos darnos el lujo de seguir perjudicando al planeta, que es responsabilidad de todos.
Ojalá no sean gritos en el desierto, que buena falta nos hace actuar en este rubro.
Comentarios: [email protected]